Quedó como una rueda obviable, divorciada de la semana anterior, donde la extrema palidez del sol del sistema bursátil impidió a los demás poder reflejar desarrollos tan entusiastas como los previos. Un Dow Jones que hasta culminó con retroceso -de 0,4 por ciento-selló la suerte del Bovespa, que quedó haciendo equilibrio sobre la línea de la neutralidad. Y para nuestro Merval la cuestión resultó del mismo tono, tocando un mínimo de 2.063 puntos, habiendo llegado apenas un par de unidades de máxima por cápita del viernes, con 2.183. Y finalizando a media agua, en los 2.076 de clausura.
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Esto arrojó leve desmejora, de 0,23 por ciento, pero prevaleciendo en casi todos los recintos una imagen de larga «meseta», en la rueda de reinicio, y que servirá para rematar el agitado agosto.
Todavía más llamativo, al menos en nuestro recinto, resultó el aplanarse de las mentes negociadas y que después de surcar hasta por encima de los $ 100 millones, en la víspera retomaron la actividad con apenas $ 67 millones de efectivo en acciones. Una franja de solamente 8% respecto de la torta global, que estuvo en los $ 813 millones. Escaso también el segmento «cauciones», que no insumió más de $ 48 millones en el día. Como para decir que prevaleció la «iliquidez» en la primera rueda semanal. Nada que ver, con lo visto hasta el pasado viernes.
No apta para conclusiones, los análisis sobre la fecha bursátil se estrellan contra lo desértico de los indicadores. Caída a pique de órdenes, un índice que flotó sin rumbo cierto, plana mayor de las líderes que se aflojaron en sus bases y una paridad absoluta entre especies que subieron y bajaron -35 en cada lado-aunque el repaso de las líderes muestra más signos contrarios que positivos. Esto condiciona siguientes pasos y justamente cuando se ingresó a la «zona roja», donde debe buscarse el color en que rematará agosto. Y la Bolsa, demacrada.
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