14 de diciembre 2005 - 00:00

Todas las críticas van para Europa. No a EE.UU.

Celso Amorim
Celso Amorim
Hong Kong (enviada especial) - Brasil, con Celso Amorim, cuyas respuestas cortantes sorprenden en un canciller, quiere lograr concluir la cumbre de la OMC con el Día D para la eliminación de los subsidios agrícolas. Para esto optó por encontrar un atajo en el marco de las negociaciones al aceptar concederle a la Unión Europea una reducción de los aranceles a la importación de productos industriales y la liberalización de los servicios. La posición fue compartida también ayer por el ministro de Relaciones Exteriores argentino, Jorge Taiana, que reclamaba la semana pasada que este capítulo podría tratarse, pero sólo si había voluntad de parte de Europa de reducir los subsidios agrícolas.

Cosas de la política, a diferencia de la cumbre en Mar del Plata, Estados Unidos en Hong Kong parece el «bueno de la película» ya que la Unión Europea se lleva con palmas el rol del «villano».

A un punto tal que la secretaria de comercio agrícola por la UE, Mariann Fischer Boel, en su conferencia dijo «estar cansada» de ver a Europa como la culpable de los males. «Viene liberando sus mercados agrícolas» y puso como ejemplo que «es el mayor importador de carnes, pasando de las 800 a 1,3 millón de toneladas anuales». La defensa europea apabulla con cifras que no logran convencer. La estrategia de la UE se basa en tres puntos: existen hoy 11 millones de agricultores que llegarán a los 14 millones cuando Rumania y Bulgaria se incorporen en 2007; el promedio de ayuda que reciben los agricultores europeos es menos de la mitad que lo recibido por los productores primarios norteamericanos y, finalmente, Europa menciona que a pesar de sus subsidios, son los mayores importadores de productos agrícolas.

Estados Unidos busca que la Reunión de Doha no fracase; por eso su propuesta es más generosa en materia de reducir los subsidios agrícolas. «Para ellos es fácil pues no subsidian como los europeos; disimulan ese apoyo con otras herramientas», comentaba con ironía un miembro de la delegación europea.

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