Si miramos únicamente los números, la verdad es que aun cuando la semana que acaba de terminar vio al Promedio Industrial retroceder 1,43% (en tanto el mercado electrónico cedía 2,45%), no parece haber mucho para preocuparse. En primer lugar porque mucho se relacionó con la merma del viernes cuando el DOW perdió 0,32% quedando en 9.582,46 puntos y el NASDAQ cedió 1,06%. De hecho, hace apenas una semana los principales índices accionarios (desde el S&P 500, hasta el Rusell 2000 que abarca 2.000 firmas listadas de tamaño mediano/pequeño, con la excepción del NASDAQ, que lo hizo dos semanas atrás) marcaban los máximos del año. Por si esto no alcanzara y casi sin darnos cuenta la tasa de los treasuries tuvo una caída significativa en los últimos cinco días. Además, con casi 60% de los balances de los integrantes del S&P 500 ante nuestra vista, los resultados muestran un crecimiento de 22% en los beneficios del tercer trimestre lo cual supera ampliamente 15,7% que esperaban los analistas. Y para mejor, en apenas un par de días se reúne el Comité Abierto de la Reserva Federal, que si bien es poco probable que modifique su posición, al menos introduciría un elemento de calma entre los inversores. Mirando todos estos elementos y el hecho de que veníamos de un evidente mercado alcista, uno no puede dejar de preguntarse: ¿Qué pasó con el bull market? En primer lugar podríamos pensar que la debilidad del dólar está castigando a las cotizantes. Pero la visión oficial es exactamente la opuesta, nada beneficia más a las multinacionales que un dólar barato. Irónicamente son las empresas norteamericanas más grandes y seguidas por los inversores las que han sido más castigadas.
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