El presidente del Banco Mundial (BM), James Wolfensohn, alertó ayer sobre la imposibilidad de lograr una paz duradera en el mundo mientras todos los dirigentes no se comprometan con la erradicación de la pobreza. Según el norteamericano, australiano nacionalizado, que el próximo miércoles 1 de junio será reemplazado por Paul Wolfowitz, «espero que poco a poco el mundo entienda que si uno quiere enfrentarse al tema de la seguridad, también tiene que enfrentarse a la cuestión del desarrollo».
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Pese al aparente progreso en ese frente, el responsable del BM recordó que los países desarrollados gastan unos 750.000 millones de dólares al año en defensa. Wolfensohn ha criticado en numerosas ocasiones el que las naciones ricas sólo destinen unos 50.000 millones al desarrollo. El responsable del Banco, que dejará su cargo el día 31, tras diez años en la entidad, contestó hoy a una serie de preguntas por Internet planteadas por ciudadanos de distintas nacionalidades, en las que se prevén que sean sus últimas declaraciones públicas.Aseguró que el hecho de que muchos gobernantes todavía no entiendan la importancia del desarrollo es en parte su culpa, por no haber sido capaz de transmitir, con la intensidad que le hubiera gustado, el mensaje de que es algo «esencial» para el futuro global. Wolfensohn también reconoció que el BM sigue siendo objeto de grandes críticas, algo que achacó a la falta de comprensión con el trabajo de la entidad e indicó que «todos los organismos internacionales estamos en el punto de mira, porque en primer lugar la gente no nos entiende y, en segundo, están frustrados ante la falta de liderazgo global».
De cara al futuro, el responsable del BM dijo que el organismo que dirige debe mantener su objetivo primordial de «aliviar la pobreza y asegurar la continuidad de un desarrollo sostenible». Wolfensohn se negó a admitir que el banco haya perdido su batalla contra la pobreza en Africa.
La inminente partida de Wolfensohn ha provocado reacciones entre académicos y organizaciones no gubernamentales que han evaluado su gestión al frente del banco en los últimos días. Una de las notas más críticas fue hoy la de la organización « Cincuenta años bastan», que señaló, a través de un comunicado, que el BM «sigue siendo un agente del orden económico global que beneficia a los ricos y castiga a los pobres».
La organización, con sede en Washington, destacó que los diez años de «reinado» de Wolfensohn culminan «en medio de una creciente pobreza global y desigualdad».
Pese a esta percepción negativa han sido muchas las voces que han proclamado las bondades del liderazgo de Wolfensohn. Entre ellas, curiosamente, aparece la del Premio Nobel de Economía y ex economista jefe del BM, Joseph Stiglitz, quien alabó a Wolfensohn por aclarar la misión del Banco: «Impulsar el crecimiento y erradicar la pobreza en el mundo en desarrollo».
Stiglitz, quien en el pasado fue muy crítico con el BM, señaló en un reciente artículo en el diario «Taipei Times», que el banco, en su momento « devoto» de la ortodoxia neoliberal, se ha convertido en un crítico de la corrupción y en defensor de los países pobres.
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