Tras casi 6 años en el cargo, deja la presidencia del Citicorp Argentina (Citibank) el banquero Carlos Fedrigotti. Llegó en enero de 1996 para presidir uno de los tres bancos más grandes que operan en el país durante la crisis mundial del tequila. Se va ahora durante otra crisis ya local, al menos por ahora, de dificultades para el pago de nuestra deuda pública. Durante el interregno en que actuó fue muy importante y pese a las restricciones que tienen los representantes de empresas extranjeras, Fedrigotti no habrá llegado al nivel de Eduardo Escasany -atacado en lo personal por decir tantas verdades-pero puso muchas veces la cara, inclusive ante el Senado norteamericano.
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Uruguayo, de 50 años, se va ascendido a la filial del Citibank de Milán, que operaba sólo como banca de inversión más que comercial y ahora buscará expandirse con la experiencia de Fedrigotti. Pero, cuidado: aun limitada, por la potencia de la ciudad y del país, esa filial italiana operaba tanto como el Citibank argentino.
Fedrigotti se va contento a enfrentar un nuevo desafío. Comenzó en el Citibank en Nueva York, pero luego pasó 8 años en filiales de esa entidad en Francia y España, o sea en la Europa adonde retorna.
Entre 1989 y 1994 presidió la empresa en su país natal, Uruguay, y de allí pasó a la Argentina. Fue apreciado tanto que excedió siempre el promedio de 4 años que el Citibank mantiene a sus CEO en cada país.
En la Argentina sobrellevó Fedrigotti la suba y baja del CEI, que fue idea de otro ex Citibank hoy ya retirado al hobby del rugby, «el Gato» Richard Handley. En ese CEI actuó decisivamente Raúl Moneta, un banquero hoy acosado por acusaciones mediáticas sin pruebas y por eso casi nulas causas judiciales. El CEI incursionó en casi todas las privatizaciones y llegó a dominar medios de difusión, aunque esto no agradó nunca a la central de Nueva York y el ahora ex presidente fue el encargado de despegarlo del compromiso. Siempre se lo lamentó porque el CEI pudo ser un contrapeso eficaz para los agrupamientos monopólicos deformantes que caracterizan a la prensa argentina.
También le tocó enfrentar el tema -igualmente más político y periodístico que judicial-del «lavado de dinero», como lo encaró la controvertida diputada Elisa Carrió pese a que la Argentina dista de ser considerada una nación relevante en ese tipo de delito.
El Citibank tuvo relación con el M.A. Bank del argentino Aldo Ducler y con el Federal Bank de Bahamas, que la prensa acusó de ser de Raúl Moneta.
Fedrigotti por esto tuvo que declarar ante el Senado de Estados Unidos en la investigación de Carl Lewin y Susan Collins, un subcomité del alto cuerpo legislativo donde este ahora ex presidente dijo que informaron los datos sobre esas relaciones al Banco Central de Buenos Aires según las normas vigentes y luego ampliaron por presuntas gravedades que se descubrieron.
Valentías
Entre las audacias que se le recordarán a Fedrigotti está el decir sin tapujos que no creía que la Argentina fuera un país donde el lavado de dinero fuera algo gravitante a nivel internacional. Otra valentía, para un extranjero presidiendo una entidad extranjera, fue señalar que los políticos argentinos «no veían» la gravedad de la crisis en que estaba -hoy sigue estando-la Argentina. Se reconoce que tuvo razón.
Que actuó bien en la Argentina, que fue un banquero de peso en circunstancias difíciles que rozaron al Citibank, el grupo financiero más importante del mundo, lo demuestra que se va ascendido, casi a un destino de oro como es Milán. Se lo extrañará.
Lo sustituirá Peter Bowman, directivo norteamericano de carrera en el Citibank, de 45 años, que cumplió su ciclo promedio de cuatro años en la filial Taiwán.
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