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3 de marzo 2018 - 23:05

Trump y el acero: ¿nueva estrategia o solo movimientos tácticos?

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Por Marcelo Elizondo *

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La administración del Presidente D. Trump anunció la primera gran medida directamente enfocada a limitar ciertas importaciones. Impondrá aranceles del 25% a las importaciones de acero y de 10% a las de aluminio.

En primer lugar debe decirse que, aun acudiendo a un discurso proteccionista, el gobierno de los EEUU no había tomado hasta ahora medidas tan drásticas en la materia. Había anunciado la salida del TPP o la renegociación del NAFTA, pero nada de eso implica obstrucciones inmediatas y directas. Había amenazado con aranceles a productos chinos, pero los presidentes Trump y Xi se reunieron en abril de 2017 en Mar-A-Lago y acordaron un trato reciproco más concorde. En septiembre de 2017 se había anunciado la imposición de altos aranceles a la importación de aviones canadienses pero (en una muestra de funcionamiento de instituciones) en enero pasado la Comisión de Comercio Internacional (UCITS) los anuló por considerarlos injustificados.

Esta medida es la más efectiva y drástica en la materia y ha generado reacciones negativas en autoridades de otras potencias y una (lógica) respuesta contraria de los mercados.

Hay varias preguntas a efectuarse:

¿Es esta una decisión que queda en el acero y el aluminio o estamos ante una tendencia que finalmente generará (a diferencia de lo que habíamos visto hasta ahora en la materia: "mucho ruido y pocas nueces") restricciones definitivas al comercio en esta y otras materias?

¿Se trata de una nueva línea ideológica estratégica comercial permanente, o de una respuesta táctica en los escarceos con China? (La nueva bipolaridad mundial ha conformado un nuevo escenario en el que dos potencias compiten no ya por el comercio sino por la prevalencia de intereses, valores e influencia; y el Presidente Trump ha dicho que se protege al acero y el aluminio porque ellos son algo muy necesario para la producción para la defensa).

Implica internamente esto un triunfo ideológico dentro del gobierno de Trump de los funcionarios más críticos de la globalización (el Secretario de Comercio, W. Ross y el jefe del USTR, R. Lighthizer), por sobre los más aperturistas (el Jefe del Consejo Económico G. Cohn y el Secretario del Tesoro S. Mnuchin) o las fuerzas internas podrán reacomodarse hacia la moderación en un tiempo?

Y hay por su parte algunas aseveraciones a efectuar:

En medio de discursos proteccionistas, sin embargo, la realidad muestra que las importaciones de EEUU (de todos los productos) crecieron en 2017 (el primero de Trump) 6,7%. EEUU es el principal importador mundial. Sus principales importaciones están conformadas por bienes de capital, bienes de consumo, autos, insumos para la industria y alimentos. Y China (con 19% de total) es el principal abastecedor de EEUU, seguido de Canadá (14% del total) y México (12%). Estados Unidos sufre desde hace muchos años el mayor déficit comercial del mundo.

Si estamos ante una reacción en la nueva disputa estratégica bilateral -el argumento para la medida es la seguridad nacional- se trata de una novedad y EEUU se ha trasformado en el primer país que restringe por esta razón el comercio de algún producto (y esto podría afectar seriamente el sistema de comercio mundial). Pero si (mas allá aun) se trata de una nueva tendencia hacia mayores restricciones el comercio en general, EEUU estará encareciendo su acceso a insumos y a la vez afectando el funcionamiento de las cadenas internacionales de valor dentro de las cuales unas 40.000 empresas estadounidenses son líderes actuando integradamente en el planeta más allá de las fronteras.

Implicancias sobre Argentina

En Argentina, por su parte, la medida afectará a los exportadores en esta industria (en 2017 se exportaron unos 550 millones de dólares en aluminio y unos 220 millones de dólares en acero a EEUU). Más aun, Argentina tiene en EEUU su tercer principal mercado para todas sus exportaciones (en 2017 le exportó 4.520 millones de dólares y los principales productos exportados fueron químicos, metales, material de transporte y alimentos); aunque Argentina sufre con EEUU un fuerte déficit bilateral, porque importó desde EEUU 7.635 millones de dólares en 2017.

Argentina ha venido constatando las agridulces decisiones estadounidenses en la materia: aun no ingresa nuestra carne a EEUU, se ha restringido el acceso de biodiesel hace pocos meses, y se afectará el aluminio y el acero ahora; aunque, por el contrario, en diciembre pasado se anunció que unos 500 productos volverán a ingresar sin pagar arancel por la recuperación de la participación en el Sistema Generalizado de Preferencias (SG) y en abril último se anunció el reingreso de limones al mercado del norte.

Estados Unidos es el segundo exportador mundial de bienes (exporta 9% del total del planeta) y el primer importador (14% del total mundial), y es -a la vez- el principal, exportador del mundo de servicios (15,5% del total planetario) y el principal importador en la materia (10,5% del total mundial).

Por eso, si estamos ante un nuevo sistema de principios basados en restricciones, el comercio transfronterizo se verá afectado de aquí en más y la propia economía estadounidense podrá sufrir afecciones. Si, en cambio, estamos ante decisiones tácticas no replicables en otros rubros, las noticias no son buenas pero puede esperarse la vuelta en algún tiempo a menos limites, dado que la reducción de trabas en frontera ha contribuido a que -de la mano del gran crecimiento del comercio internacional-, en las últimas décadas, la economía global haya crecido fuertemente.


*Director de la consultora "DNI", profesor del ITBA

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