17 de enero 2001 - 00:00

UCR ofrece a Frepaso aprobar decreto previsional y luego modificarlo por ley

El radicalismo lanzó ayer una fórmula con altas chances de éxito para contener al Frepaso y evitar que volteen el decreto previsional. Apadrinado por Raúl Alfonsín, el diputado radical Eduardo Santín propuso aprobar la resolución del Ejecutivo en el Congreso y, de inmediato, debatir una ley que modifique algunos aspectos del decreto, por ejemplo, la edad de jubilación de la mujer.

El radicalismo lanzó ayer una propuesta para intentar destrabar el conflicto con el Frepaso por el decreto previsional. Con la «bendición» de Raúl Alfonsín, el diputado bonaerense Eduardo Santín encontró una fórmula y ofertó a los socios «rebeldes» de la Alianza ratificarlo cuando comiencen las sesiones ordinarias en marzo para, de inmediato, modificar parte del contenido por ley, por ejemplo, el aumento de la edad jubilatoria de la mujer.

Alfonsín, desde las sombras, es el «factótum» de esta jugada. El ex presidente le pidió a Fernando de la Rúa la semana pasada que Santín y compañía salieran a promocionar las bondades del decretazo, antes de que los frepasistas díscolos retomaran la ofensiva para voltearlo.

El legislador, principal brazo de los jubilados en la UCR parlamentaria, reveló a este diario que encontró un variante a mitad de camino con el chachismo que no baja las banderas. Este sector -liderado por María América González, Alfredo Villalba, Alicia Castro y Gustavo Cardesa-quiere derogar el decreto en ordinarias y suplantarlo con una norma discutida en el Congreso, obviamente, con participación de delegados del Ejecutivo. Sus portavoces alegan que están en contra del texto y de la forma en que se sancionó.

Probablemente, la iniciativa radical permita zanjar diferencias con los incondicionales de Carlos Chacho Alvarez (Darío Alessandro, Juan Pablo Cafiero, José Vittar, Rodolfo Rodil e Irma Parentella, entre otros) y con él mismo. Es el objetivo de mínima.

Oportunismo

En el mejor de los casos, puede desarticular la férrea oposición de los «disidentes», aunque estos últimos no se muestran dispuestos a digerir que se los haya «puenteado». Oportunista, el peronista Humberto Roggero vaticinó ayer: «El PJ es la verdadera oposición, ya que los frepasistas van a terminar aceptando el decreto».

Santín replicó con la alternativa de hacer ajustes mediante una ley, luego de aprobar la resolución gubernamental que, a su juicio: «Es mucho mejor de lo que dicen y se acerca bastante a lo que reclamábamos». Es cierto, tendríamos que haberla debatido más, antes de salir a hablar en público», deslizó a modo de reproche. «A mí también me hubiera gustado que saliera por ley directamente, pero nos demoramos en el bloque», se autoflageló. «Tengo la sensación de que Castro, por ejemplo, sigue criticando hoy por los medios el proyecto original del gobierno, que difiere notablemente del decreto final», abundó el caudillo de Moreno. Con diplomacia, dedicó una filípica a Chacho. «Me llama la atención que Alvarez diga que no puede tolerar que los jubilados que hoy cobran $ 400 ganen menos con la reforma, porque esto no es así; está mal asesorado en la materia», se puso serio. «La verdad -sentenció- es que van a percibir más haberes. «Parece que todavía estamos discutiendo consignas y nada más», simuló enojarse. Ya pacificador, aseguró que no tendría problemas en explicarle al ex vicepresidente los pormenores de la norma.

Coincidencia

Aunque difiere en cuestiones metodológicas, reconoció que coincide con los frepasistas en varias críticas al texto presidencial, por caso, el aumento de la edad de la mujer de 60 a 65. «Esto ha generado un costo político muy alto y un ahorro bajísimo», comentó.

El cariz del planteo en el Frepaso, muy duro, obligó a Chacho a ponerse otra vez el traje de censor de las decisiones de De la Rúa, a comienzos de semana. Más de una docena de diputados que suelen reportarse en la Casa del Frente (cada vez con menos frecuencia) habían amenazado con llevar hasta las últimas consecuencias la embestida, aun cuando su jefe político los dejara solos. La excusa era que, con anterioridad, les había dado libertad de acción.

Patricia Bullrich, encargada por el lado del gobierno de atender a los díscolos (ya recibió en Trabajo a Marcela Bordenave y Villalba), aprobó por teléfono el esfuerzo de Santín por desactivar el operativo antidecreto.

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