27 de noviembre 2001 - 00:00

Un acuerdo necesario

En julio, cuando se aprobó la Ley de Déficit Cero, la mayoría de los analistas e inversores nacionales y extranjeros impuso la idea de que cumpliendo con el equilibrio fiscal durante algunos meses se recuperaría la confianza en la Argentina y se saldría de la crisis. En ese momento, publicamos algunos artículos (en este medio) recalcando que el déficit cero era una necesidad impuesta por la realidad, pero que no era la solución al problema de fondo del país. De hecho, si la incertidumbre se mantenía elevada y creciendo, el nivel de actividad caería y la gente tendría cada vez una menor propensión a pagar impuestos, lo que profundizaría la baja de la recaudación.

Lamentablemente, la recaudación de los últimos meses tendió a confirmar nuestras expectativas y, de hecho, fue mucho peor que nuestras originalmente pesimistas estimaciones.

Ahora los analistas e inversores internacionales y locales han puesto sus expectativas en la reestructuración de deuda «voluntaria» interna y externa. Sobre la primera, ya pesan los «incentivos artificiales» que fueron necesarios generar para garantizar la participación de los principales tenedores institucionales de deuda. Además, resulta una aberración que el Senado haya dado sanción a una ley que limita el pago automático de los intereses de deuda provincial garantizados por ingresos de coparticipación a 7%, pues ello implica violar derechos de los bancos y lesionar la seguridad jurídica.Además, significa que esa deuda entrará formalmente en cesación de pagos, por no abonarse lo pactado entre las partes. Sobre el canje de pasivos en manos de no residentes todavía no hay muchos detalles, pero sigue generando expectativas entre los operadores.

El problema es que aun en el supuesto de que mañana mismo todos los acreedores de la Argentina (de los cuales las dos terceras partes son argentinos, a través de bancos, AFJP, Fondos de Inversión locales y extranjeros, etc.) decidieran condonar 40% de los pasivos argentinos, igual estaríamos al borde de la cesación de pagos. Con crédito cero, no importa cuán poco o mucho debamos; no lo podremos pagar.

Para entender el problema, conviene recordar que la palabra «crédito» significa «contar con credibilidad», y la credibilidad de nuestro PE y de nuestra dirigencia política respecto de su capacidad para resolver las cuestiones que motivan la crisis es, hoy en día, nula. Por eso es que contamos hoy con crédito cero y, por ende, no podemos pagar la deuda, sea ésta grande o pequeña. Además, esta falta de credibilidad hace caer el ingreso de capitales (hoy hay fuga de inversiones) continuamente, así como la propensión a consumir y a invertir, disminuyendo la demanda interna, que es la que absorbe 90% de la producción de bienes y servicios del país. Por lo tanto, estamos en una permanente profundización de la recesión y de la caída de la recaudación.

Por eso, es urgente que dejemos de esperar milagros y ayudas del exterior y nos pongamos a resolver el problema de fondo. En ese sentido, me parece un acto de gran madurez de nuestra dirigencia empresarial la amplia solicitada publicada el fin de semana y los discursos de los presidentes de diversas cámaras, que organizaron eventos durante las últimas semanas, en los que llaman a sus colegas políticos a dejar de lado sus intereses sectoriales y particulares y buscar un acuerdo de gobernabilidad.

• Demanda

El presidente De la Rúa parece haberse hecho eco de esta demanda y realizó un llamado a un «gran acuerdo intersectorial». Sin embargo, esto último es un error, ya que el acuerdo debe ser político, para no contaminarlo con intereses sectoriales privados. La Argentina es un país republicano y con un sistema representativo. Son los políticos elegidos por el pueblo los que tienen la responsabilidad de asumir ese rol y consensuar las medidas que son necesarias encarar en pos del bien común.

La única forma de evitar una crisis institucional con gravísimas consecuencias sociales y económicas es que el PE y el justicialismo logren plantearse no más de 10 medidas cruciales para resolver los problemas más acuciantes de la Argentina y con un gran nivel de detalle (con participación de sus asesores técnicos). De esta forma, quedará claro que le brindarán el apoyo político necesario ante la opinión pública y en el Congreso de la Nación. Estos puntos son:

a) Cómo se cierra con déficit cero este año y sin utilizar artilugios contables.

b) Confeccionar un presupuesto para 2002 con equilibrio fiscal que se base en números realistas, lo cual implicará tomar medidas que generarán duras respuestas sectoriales y políticas.

c) Pautar cómo será la nueva ley de coparticipación federal, sin garantía de pisos de recaudación.

d) Hacer una profunda reforma del Estado que implicará: I) hacer un uso más eficiente del menor gasto social para que les llegue a los que lo necesitan y no se diluya en burocracia y politiquería, y II) eliminar la estabilidad del empleado público para que se pueda despedir a aquellos que no son útiles a la sociedad e incorporar a quienes (hoy desempleados) que sí lo serán (maestros, policías, médicos, enfermeras, abogados para la Justicia, etcétera).

e) Llevar a cabo la postergada reforma previsional.

f) Implementar de una buena vez la posibilidad de que los trabajadores puedan elegir libremente la atención de su salud y la de su familia, dentro de un sistema que contemple el principio de «solidaridad».

g) La vuelta a la vieja Ley de Convertibilidad contra el dólar, ya que la potencial incorporación del euro en el aval solamente sirvió para generar mayor incertidumbre cambiaria.

Entonces sí será posible que la gente aumente su propensión a consumir y a invertir, que se empiece a revertir la salida de capitales, que los depósitos aumenten, que la cesación de pagos empiece a desaparecer como fantasma y que, en definitiva, se reactive la economía. Pero eso exige una gran responsabilidad de nuestra dirigencia política. Esperemos que sepan estar a la altura de ello.

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