Otra maniobra del monopolio «Clarín» para seguir sacándoles dinero a los abonados a partir de la fusión de sus controladas Multicanal y CableVisión, sobre la que el gobierno parece mirar para otro lado. Este monopolio de la televisión paga, además de los fuertes aumentos de tarifas -sobre los cuales el siempre activo secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, no aparece tan vigilante como en otras cuestiones-, decidió cobrarles a los abonados de CableVisión el servicio básico y siempre gratuito que ya pagaban los de Multicanal: la revista que informa de su programación. De hecho, CableVisión ya le comunicó a buena parte de sus clientes que deberán «suscribirse» a la revista que la otra, Multicanal, ya edita desde hace cuatro años (y cobra desde entonces). La medida va de la mano de la unificación de grillas y señales que viene produciéndose desde principios de año entre ambas, a pesar de que formalmente la fusión no cuenta aún con la autorización de los órganos estatales pertinentes.
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Según un comunicado que comenzó a llegarles a los abonados de CableVisión, a partir del mes que viene estarán recibiendo la revista «Miradas», por la que deberán pagar $ 3,50 mensuales; el monto corresponde al «precio para el abonado», valor que se sumará al abono mensual. La revista, además, se imprime en Artes Gráficas Rioplatenses, una de las tantas subsidiarias del monopolio «Clarín».
Lo llamativo y casi gracioso es que también tiene un «precio de tapa», que asciende a $ 5,90, o sea, algo así como 30% más caro que el que se les cobra a los abonados. Cabe preguntarse dónde se podrá comprar y además quién podría querer adquirir una revista cuyo contenido más «interesante» es justamente la programación del mes de CableVisión.
La respuesta parece demoledoramente sencilla: ese precio es para los «colgados» del cable, o sea, quienes ven las señales que distribuye la TV paga a través de conexiones ilegales. Una atención del monopolio a los sectores de menos recursos, seguramente, que no pueden pagar el cable y se «cuelgan».
El comunicado agrega que la suscripción es « automática», algo que está expresamente prohibido, y que en caso de no querer recibirla se deberá comunicar ese hecho a la empresa. Cabe recordar entonces que el mecanismo --según marcan las normas vigenteses exactamente el opuesto: el consumidor debe manifestar su voluntad expresa de comprar un producto o abonarse a un servicio, y en sentido inverso el proveedor o vendedor no puede hacer esa venta o suscripción sin el consentimiento del usuario.
Cabe recordar que hace algunos años una tarjeta de crédito, Diners Club, editaba una revista, «First», que les facturaba a sus usuarios aun en contra de su voluntad; tras una disputa en Tribunales, una cliente logró que la emisora de la tarjeta le diera de baja la «suscripción», lo que sentó jurisprudencia para casos similares.
Desde ya, la «nueva» revistano es otra cosa que la misma publicación, pero con distinto nombre, o sea, una aburrida colección de notas levantadas de publicaciones extranjeras o -en el mejor de los casos- largos elogios de la programación que difunde la empresa, en especial, a las de «Canal 13».
El número de febrero se abre con «interesante reportaje» a Soledad Fandiño, actriz de un teleteatro diario de « Canal 13», otra empresa del monopolio «Clarín», que ocupa seis páginas; de la 34 a la 36 van tres páginas de una nota sobre Eva Longoria, protagonista de «Mujeres desesperadas» cuya versión vernácula también difunde «Canal 13». Hay un par de notas más, intrascendentes, además de una receta de cocina y un texto sobre el film de guerra de Clint Eastwood sobre Iwo Jima. Como se ve, poco para gastar $ 3,50 por mes.
Además, la calidad del papel es la misma de la que se distribuía en forma gratuita hasta este mes, pero el formato es más pequeño y con menos páginas, por lo que los costos para el «editor» son muy inferiores.
Se trata, entonces, nada menos que de un nuevo aumento encubierto que deberán pagar los abonados. La fecha de lanzamiento tampoco parece casual: en enero y febrero, muchos de estos usuarios están fuera de su hogar, de vacaciones, y por lo tanto, ni se enterarán de que tenían que anular esta « suscripción automática», por lo que quedarán «enganchados» a este malévolo sistema aun sin saberlo. El propio comunicado de la empresa dirigido a los abonados aclara que de no comunicar a CableVisión su voluntad de darse de baja de la «suscripción» a la revista, luego el trámite será más que engorroso.
Finalmente, si se tratara de un servicio «premium» como quiere convencer esta nueva subsidiaria del monopolio «Clarín» a sus clientes cautivos, no debería contener publicidad. Sin embargo, casi 50% de sus páginas está ocupado con avisos, cuya tarifa -a pesar de que casi nadie la lee-es alta: los vendedores de publicidad aseguran (con razón) que llega a más de un millón de hogares.
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