7 de octubre 2008 - 00:00

Un colapso engendrado por asombrosas complicaciones

El análisis de los grandes hechos históricos, con su encadenamiento de causas, hace que esos relatos tomen, muchas veces, la forma de una teoría conspirativa. Esa es la ilusión que se genera al contemplar la actual crisis financiera internacional, aunque lo colosal de su magnitud y la extrema pluralidad de sus actores haga inútiles esas lucubraciones. Lo que sí puede afirmarse es que fue fruto de una asombrosa y prolongada concatenación de complicidades, que combinaron codicia, negligencia y corrupción en dosis tan grandes que más de uno imaginaría impropias de un país de la importancia de los Estados Unidos. No por nada el FBI anunció la semana pasada una amplia investigación, sobre la que todavía no dio detalles.

Uno de los más ardorosos defensores del plan de rescate de 700.000 millones de dólares arrancado la semana pasada por la administración de George W. Bush al Congreso no fue precisamente un republicano.Se trató en realidad del senador Christopher Dodd, demócrata de Connecticut, aunque hay razones para creer que lo suyo va más allá de la responsabilidad institucional.

A mediados de este año, cuando la crisis de las hipotecas ya estaba lanzada, aunque aún lejos de sus profundidades recientes, se lo acusó de haberse beneficiado no con una sino con dos hipotecas a 30 años de Countrywide Financial Corp. a tasa de interés preferencial, parte de una línea de créditos para clientes vip puesta en marcha entre 2003 y 2004 en la que pesó fuerte seguramente su carácter de presidente de la Comisión de Bancos de la Cámara alta.

Según la prensa norteamericana, que dio en su momento amplia cobertura a un escándalo que en los últimos días, curiosamente, apenas mencionó, los créditos le permitieron a Dodd refinanciar con comodidad sendas deudas por 506.000 dólares y 275.000 dólares, ahorrándose unos 75.000 dólares en concepto de rebaja de intereses.

Demandada por once estados por prácticas crediticias « predatorias», Countrywide terminó siendo absorbida en julio por Bank of America, que, debido a esas acusaciones, ayer anunció que destinará 8.400 millones de dólares a reestructurar hipotecas incobrables.

El de Dodd había sido hastael momento del escándalo uno de los nombres más mencionados como compañero de fórmula de Barack Obama (de hecho, fue uno de los primeros que salió a respaldar al candidato negro para las primarias partidarias cuando pocos creían en él), pero sin dudas el caso canceló sus aspiraciones. Otro de los favorecidos, se dijo, fue el también demócrata Kent Conrad (Dakota del Norte), titular del Comité de Presupuesto y miembro del Comité de Finanzas del Senado. Otros poderosos mencionados como beneficiarios de la línea vip de Countrywide fueron el ex secretary de Vivienda Alphonso Jackson, la ex secretaria de Salud y Servicios Humanos Donna Shalala, y el ex embajador estadounidense ante la ONU Richard Holbrooke. Hay que tener ojo clínico para hacer amigos.

  • Multa

    Y hay más que recordar. En abril de 2006, Freddie Mac, uno de los gigantes de la securitización de los créditos hipotecarios (a la que el Tesoro norteamericano debió rescatar con, hasta ahora, un aporte de 100.000 millones de dólares, equivalente al que dio a su competidora Fannie Mae), acordó pagar a la Comisión Federal de Elecciones 3,8 millones de dólares, la multa más elevada de la historia en su tipo, por haber realizado a través de sus principales ejecutivos aportes ilegales a las campañas de legisladores clave para sus intereses.

    Pero, aunque espectacular, no fue ése el único escándalo que golpeó en la época a Freddie Mac. Otro tuvo que ver con un caso de « contabilidad creativa», por el que la entidad subestimó por «error» sus beneficios en 5.000 millones de dólares anuales durante un largo período.

    Tanto Freddie Mac como Fannie Mae son dos de las compañías que mayor actividad de lobby realizan en el Capitolio, actividad en la han venido invirtiendo un promedio de 7 millones de dólares anuales cada una.

    Esos escándalos salieron a la luz, pero todo se cerró penalizando las incorrecciones, sin que nadie haya intentado echar luz sobre las complicidades que generó el esquema y que permitieron desregular la actividad crediticia de un modo tan radical que se prestó a todo tipo de excesos.

    Por otro lado, durante audiencias en el Congreso realizadas en los últimos años hubo banqueros que se vanagloriaron de haber computarizado todo el proceso de aprobación de hipotecas, pasando de engorrosos trámites en papel, con documentación respaldatoria de la solvencia de los aspirantes, a un simple proceso de quince segundos en el que el papelerío (y las garantías de repago) simplemente fueron salteadas.

    Así las cosas, para muchos bancos el negocio pasaba por hacer cuantas hipotecas les fuera posible, confiando en que Fannie Mae y Freddie Mac, entidades privadas pero con respaldo del gobierno estadounidense, luego formarían paquetes con las mismas y las colocarían en los mercados, enajenándoles el riesgo.

    Mientras, las siempre discutidas calificadoras de riesgo, cuyos clientes eran aquellos a quienes debían supervisar, ponían notas de ensueño a papeles que luego se revelaron como basura.

    Si de desregulaciones polémicas de habla, conviene prestar atención a las modalidades increíblemente flexibles que tomaron algunas hipotecas, sobre todo teniendo en cuenta que se dirigían a clientes de solvencia más que discutible. Un caso son las de los créditos ARM (hipotecas de tasa ajustable), con las que se ofrecía pagar por años sólo una parte de los intereses (en algunos casos apenas 1%), sumando el resto de ellos y las amortizaciones al capital en el momento de cesar esos beneficios y «resetear» el préstamo. Claro, con el «reseteo» los pagos de los deudores hasta se duplicaron, todo en un contexto de mayores gastos familiares en alimentos y energía, tal como ocurrió con la escalada del petróleo, que llegó a rozar los 150 dólares.

    De todo esto se habla hoy, cuando las crónicas reflejan la bronca de los contribuyentes (y votantes) estadounidenses a un Wall Street que ahora se ven obligados a rescatar con sus impuestos. Mucha gente ganó mucho dinero durante demasiado tiempo. Estaban muy atareados como para hacerse preguntas molestas.
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