1 de septiembre 2006 - 00:00

Un Moyano presionado

Alberto Fernández pegó un mandoble sobre Hugo Moyano: la SIGEN, que controla el jefe de Gabinete, acusó a los sindicalistas de gastar sin control los subsidios del Estado por prestaciones médicas de alta complejidad. Quien administra esos fondos es un hombre del sindicalista. Ahora, los colegas de Moyano lo presionan para que conteste, dispuestos a mostrar sus contabilidades. Como explicó este diario, no hay que buscar las irregularidades en la falta de papeles, sino en los expedientes fraudulentos. El camionero deberá optar entre su adhesión al gobierno y la defensa de sus cofrades. Le llega en un mal momento esta crisis: además, le habrían descubierto la opulenta estancia que presuntamente compró en tierras bonaerenses.

Hugo Moyano está hoy sometido a dos presiones insoportables. Por un lado, la del gobierno, que pretende decapitar a su subordinado Juan Rinaldi, abogado del sindicato de Camioneros destacado por el jefe de la CGT al frente de la Administración de Programas Especiales (encargada de distribuir subsidios entre obras sociales). La APE fue denunciada por la Sindicatura General de la Nación (SIGEN) por haber entregado subsidios por más de $ 300 millones sin la documentación que lo justifique. La SIGEN está en manos de un hombre de Alberto Fernández, Claudio Moroni. Igual que la Superintendencia de Salud, que conduce Héctor Capaccioli, el motor de la defenestración de Rinaldi.

A esta presión sobre su delegado en la APE se contrapone otra, que también es ejercida sobre Moyano: los sindicalistas afectados en la denuncia insisten delante del secretario general de la CGT con el argumento de que la auditoría de la SIGEN es errónea. Aducen estar dispuestos a auditorías. Ponen a disposición a sus contadores. Juran que, si hay prestaciones sin rendición, es por una suma ínfima, muy inferior a la denunciada. (Viejos zorros del sistema de salud explican que, si hay negociados, no es porque falte documentación sino porque sobran «prestaciones» documentadas, pero de manera fraudulenta: hay más papeles que enfermos, que es una forma de cobrar sin gastar.)

  • Sospechas

  • En la CGT le piden a Moyano que enfrente a Moroni, Alberto Fernández y, si fuera necesario, al propio Néstor Kirchner. Pero el camionero no está dispuesto a tanto en defensa de sus pares. Las sospechas sobre esa prescindencia se multiplican. Curiosamente, en la primera versión periodística sobre las presuntas irregularidades sindicales, los señalados eran todos adversarios internos del camionero. Algunos, acérrimos como Armando Cavalieri. Otros, más amigables como Luis Barrionuevo y Gerardo Martínez. ¿Hubo un «seleccionado» de denunciados? ¿Está Moyano Moyano está hoy sometido a dos presiones insoportables. Por un lado, la del gobierno, que pretende decapitar a su subordinado Juan Rinaldi, abogado del sindicato de Camioneros destacado por el jefe de la CGT al frente de la Administración de Programas Especiales ( encargada de distribuir subsidios entre obras sociales). La APE también detrás de la denuncia? ¿O el que hizo estallar el caso conoce la interna sindical con tanta precisión que fue capaz de señalar sólo a los enemigos del camionero para meter más cizaña en su contra? Maldad es lo que sobra en ese ambiente.  

  • Campo

  • Sea como fuere, el secretario general no pudo terminar de festejar su fiesta marplatense, junto a Néstor Kirchner, por la inauguración de un hotel de lujo. Para más inquietud, desde algún lado oscuro llegan también dardos sobre su propia persona. La revista «El Federal» dedicó un artículo profusamente ilustrado con fotos de una estancia de la localidad de Henderson, San Ignacio, que sería propiedad de Moyano, su álter ego Juan Manuel Palacios (colectiveros) y el segundo de Palacios, Roberto Fernández. Estaría a nombre de la sociedad Calema SA, que sirvió como ente recaudador en la campaña de Adolfo Rodríguez Saá, el candidato presidencial de Moyano en 2003. La información confirmaría datos conocidos hace meses, según se publicó en las Charlas de Quincho de este diario. Esta estancia vendría a completar un patrimonio rural de Moyano, Palacios y Fernández, en la provincia de La Pampa. Interesante destino de terrateniente se le sospecha, entonces, a Moyano, a pesar de que hace un mes renunciara a almorzar en el restorán central de la Rural por ciertos prejuicios contra la «oligarquía vacuna» que, tal vez, ahora integra.

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