Dos ruedas que dejaron la situación como había quedado el viernes, en un fastidioso ir y venir que tuvo un mínimo premio el lunes, para devolverlo entero el martes. La fecha no dispensó esperanzas de algo más, salvo dejar algunos considerandos con vistas a lo que pueda suceder en el resto de la semana.
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Lo más significativo resultó el acercamiento mucho más peligroso a perforar la línea de los 1.600 puntos, cuando el Merval llegó a pisar apenas 1.604. Un piso que se había puesto sumamente delgado, del que pudo zafar en la víspera, si bien deja abierta la posibilidad inferior para los tres días faltantes. Como máximo, se alcanzó una marca de 1.622 -la anterior intradiaria era de 1.637- y finalizó cerca de ello, con 1.616 puntos, dejando 0,3 por ciento de caída porcentual. Si se procura encontrar un logro, también pasa por el rebote defensivo y remontando el riesgoso piso de mínima. Muy poco, ciertamente, y al unir las dos ruedas no se llega a poder armar una consistente.
Tampoco nada para emocionar. Pero debe consignarse que el mercado accionario subió en su peso específico dentro del total operado. Cubrió segmento de más de 9% y a través de un incremento de efectivo a los $ 62 millones. En tal aumento predominó el aspecto de oferta, aunque con buen terreno esponjoso; prueba de ello fue que las cotizaciones lograron sostenerse en el promedio ponderado. Las tres líderes de gran liquidez tuvieron en Galicia el principal eslabón débil, con retroceso de 1,40%. Acíndar y Petrobras más discretas en la baja, quedando Repsol como la plaza más herida y con más de 4 por ciento de caída.
La Bolsa está como el clima: totalmente indescifrable, y el pronóstico bursátil goza de tanta confiabilidad como el que emite el boletín meteorológico. Esto es una comparación que coincide con la realidad, por encima de la metáfora. Por las dudas, salir con paraguas...
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