El comportamiento entre las distintas variables financieras puede señalar diversas cosas. Cuando la moneda de un país y el valor de sus empresas (la Bolsa) suben en consonancia, hablamos (en general) del crecimiento de ese país. Si la moneda crece y el valor de la capacidad productiva se contrae, hablamos de deflación y, por último, si la Bolsa crece y la moneda se deprecia (se usa más dinero para comprar un mismo bien), hablamos de inflación. Lo que hoy vemos que está ocurriendo entre los mercados, si algo señala, seguramente no es lo más halagüeño. Pero bueno, como diría alguien: éstas son sólo "teorías" que poco le importan a un mercado que prefiere -dentro de lo posible-"seguir mirándose el ombligo". Y lo que encontramos en el centro del sistema es que con poco más de 30% de los integrantes del S&P 500, habiendo difundido sus estados contables, el número que supera las previsiones de los analistas trepó ayer a 66,4% (el lunes era 65%). A esto podríamos sumar la decisión de IBM de incrementar su recompra de acciones (el papel fue clave en el resultado final del Dow) y el desplome de 2% en el precio del petróleo (cerró en u$s 64,5 por barril), todo lo cual explica fácilmente el arranque alcista que tuvieron las acciones.
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Como factores negativos surgieron a media mañana la noticia de que la confianza de los consumidores cayó el último mes a los niveles de agosto (de repetirse la baja, en un mes estaremos hablando de la "desconfianza de los consumidores") y la mayor merma en la venta de viviendas de los últimos 18 años, que, como se adjudicó a las lluvias de marzo (analistas e inversores suelen ser increíblemente creativos), permitió acotar los "derrames" al mismísimo sector inmobiliario. Al final del día, tras arrimar "el bochín" a tan sólo 10 puntos de la línea de los 13k, el Promedio Industrial cerraba en 12.953,94 puntos, mostrando una mejora de 0,27%. ¿El volumen? Sigue siendo pobre, así que de rally, mejor ni hablar.
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