Una elección gremial podría complicar más a Aerolíneas

Economía

¿Malas noticias para Aerolíneas Argentinas? La elección interna producida ayer en UALA (Unión de Aviadores de Líneas Aéreas), que agrupa a los pilotos de Austral, arrojó un resultado que podría complicar la relación de la empresa con un sector con el que -al menos hasta ahora- no tenía mayores conflictos.

Por un estrechísimo margen -113 votos a 107-, la lista que encabezó Carlos Rustán le ganó a la que lideraba Alejandro Venturino.

Por lo que se sabe, Rustán estaría a favor de estrechar lazos con la conducción de APLA (Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas), el gremio de los comandantes de Aerolíneas Argentinas que fue la punta de lanza utilizada por el gobierno para obligar a la española Marsans a desprenderse de parte de sus acciones en el grupo aéreo.

UALA y APLA mantienen una pelea casi histórica, que incluso puede atribuirse al origen profesional de cada uno de los gremios: los de Aerolíneas son en su gran mayoría «pilotos» (o sea ex integrantes de la Fuerza Aérea) mientras los de Austral son «aviadores» (ex miembros de la Armada). En ambos bandos, además, hay pilotos de origen civil, desde ya.
Sin embargo, la conducción que arranca el 2 de agosto con Rustán a la cabeza apuntaría a desactivar ese conflicto y hacer frente común ante el grupo empresario. De hecho, versiones del sector recogidas en su momento por este diario daban cuenta de que Jorge Pérez Tamayo -secretario general de APLA- había sido la fuerza inspiradora en la creación de la lista de Rustán.

Esto se vio favorecido por la decisión del anterior presidente de UALA, Diego Serra, de no presentarse a la reelección, lo que abrió la puerta a la puja entre Rustán y Venturino, con el resultado conocido ayer. La incidencia de la posible nueva actitud de los pilotos de Austral podría comprobarse hoy mismo, cuando los miembros de UALA decidan en asamblea si retoman o no el paro que habían iniciado hace tres semanas y que se interrumpió porque el Ministerio de Trabajo dictó la conciliación obligatoria que se extiende hasta esta medianoche. La medida de fuerza tuvo como motivo la exigencia presentada por APLA de que un avión MD, que volaba para Austral, retornara a la flota de Aerolíneas Argentinas, su propietaria. La conducción de UALA llamó al paro reclamando no sólo la permanencia de esa aeronave en la flota de Austral, sino, además, exigiendo que Marsans cumpliera con un compromiso contraído oportunamente de expandir el número de MD que vuelan para Austral.


Si la asamblea vota por retomar el paro -porque el avión sigue varado en el aeropuerto de Resistencia, sin volar para ninguna de las dos aéreas, que son del mismo dueño, vale recordarlo- será una señal de que todavía el pacto con APLA no fue sellado; si, por el contrario, se decide desactivar la medida de fuerza, podrá leerse como un aviso de lo que se viene: una coordinación entre APLA y UALA de aquí en más, lo que seguramente redundará en más paros, más exigencias y más medidas contra el grupo español. En tanto, sigue sin haber noticias de la venta de parte del paquete accionario de Marsans a Juan Carlos López Mena (Buquebús), que desde que se anunció su ingreso como socio a la compañía y su intención de fusionar Austral y Aerolíneas Argentinas se llamó a un prudente silencio. Como se recordará, Marsans aceptó -a cambio de un retoque en las tarifas y un subsidio a las naftas aéreas, sin los cuales no podía ni pagar los sueldos de su personal- incorporar a López Mena a su accionariado, así como incrementar la participación del Estado y de los trabajadores en su capital social. Las fuentes habituales de la compañía insisten en que se está avanzando en el «due dilligence» (auditoría), pero en el mercado ya se afirma que los supuestos futuros socios no estarían ni cerca de acordar el valor al que se venderán las acciones del grupo.

Tampoco habría consenso entre Marsans y Buquebús, de quien conservará la mayoría accionaria y el control del «día a día»: en esto tiene mucho que ver una deuda que arrastra la compañía desde que el ente oficial español SEPI era dueño, y de la que se hará cargo sólo y siempre y cuando Marsans conserve el control de la empresa; de lo contrario, la factura -que ronda los u$s 130 millones- deberá ser levantada por los nuevos accionistas principales.

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