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En las décadas del '60 al '90, los países de la órbita socialista se dedicaron a construir buques, amparados en una política monetaria que le permitía al Estado financiar inversiones a largo plazo, sin preocuparse por la recuperación del capital invertido.
Hoy, los armadores observan bien el mercado antes de empezar a construir un buque.
En síntesis, se trata de una inversión que requiere capital intensivo, financiación de largo plazo, y que no tiene el retorno asegurado. Todo esto explica que la oferta esté actualmente acotada y que los fletes se hayan encarecido en forma extraordinaria.
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