Por Ariel Barraud, economista del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF)
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Un arreglo con los fondos buitre o holdouts que suponga una quita del 25% sobre la sentencia de la deuda, si bien resulta menor que la de los canjes previos indica en alguna medida un acuerdo intermedio entre ambas partes. Más allá de la discusión acerca de si la quita podría haber sido mayor o no, un entendimiento con el ala más dura de los fondos buitre constituye un rumbo positivo para Argentina por varias razones:
En primer lugar, el arreglo pondría fin al capítulo de cesación de pagos para el país, que se inició en el año 2001 y que, más allá del exitoso canje del año 2005, no había podido nunca ser cerrado debido precisamente a la existencia de los holdouts.
Permitiría volver a tener acceso al mercado de crédito internacional, tanto al sector público como al privado, lo cual facilitaría el ingreso de dólares en el mediano y largo plazo.
Disminuiría el riesgo país y, por ende, permitiría disminuir la tasa de interés, paso necesario para comenzar a ver signos de una reactivación de la economía.
Sería otra señal de incentivo para las inversiones extranjeras (y domésticas, por lo antedicho), colaborando con el ingreso de divisas y con la reactivación económica.
En el actual contexto de déficit en las cuentas fiscales de los distintos niveles de gobierno con presión tributaria y gastos, ambos en niveles récord, se presenta el potencial para aliviar la necesidad de fondos para afrontar el gasto, y/o para la mejora en el perfil de la deuda pública, sobre todo en el caso de algunas provincias que habían obtenido endeudamiento caro y a corto plazo.
En definitiva, para poder crecer, Argentina requiere de financiamiento para las inversiones públicas y privadas, en mejores condiciones que a las que nos había condenado el default técnico. El arreglo con los holdouts abre nuevamente esta posibilidad para el país, aclarando el panorama para nuevos fondos de financiamiento e inversiones internacionales.
Asimismo, un mayor nivel de endeudamiento no necesariamente debe ser tomado como algo negativo, siempre y cuando, el destino de los fondos permita mayores inversiones en los sectores necesarios para poner nuevamente al país en el sendero del desarrollo. En este sentido, sería esencial que de manera paralela al reingreso al mercado internacional de fondos se trabaje intensamente en lograr una mayor eficiencia y transparencia de las erogaciones fiscales, que permita afrontar la necesaria reducción en la carga tributaria consolidada.
La clave es que un mayor endeudamiento no predisponga nuevamente a los gobiernos a olvidar o postergar la existencia de la restricción presupuestaria, que cimente el camino para una nueva crisis fiscal y de deuda, a las que cíclicamente nuestro país parece estar condenado.
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