Ventas con tarjetas no caen pese al final de las cuotas
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Estos tipos de interés hacen posible incorporar al precio sólo el recargo por tres cuotas; para más mensualidades, los comerciantes recargan parte del costo financiero en el precio final del producto.
Curiosamente, muchos usuarios, cuando la cajera o el vendedor les preguntan «¿un pago o en cuotas?» desde el mes pasado, optan por la primera. La elección es válida si el cliente está seguro de que pagará el total de su saldo a fin de mes; en cambio, si utiliza la franquicia de financiación que le da su banco, terminará pagando más caro. Sucede que -de nuevo-la tasa a seis meses es 12%, pero la que le cobran por postergar el pago llega hasta 30% anual; en otras palabras, si no hay certeza de que se pagará todo el saldo a la llegada del resumen, sigue siendo conveniente financiar a seis meses.
«Es un hecho que las ventas con tarjeta no cayeron por el fin de las cuotas sin interés, sobre todo porque los comerciantes siguen con esa práctica. Además, no vemos un amesetamiento de la actividad; si nos atenemos a la facturación de nuestros clientes (comercios) diríamos que siguen creciendo fuerte dos rubros -electrodomésticos e indumentaria- y no tanto los hipermercados», dijo a este diario una alta fuente del sector. Agregó que no hay casi diferencias entre comerciantes chicos y grandes; ambos sectores siguen cobrando en cuotas (tres) sin intereses.
• Emisión
La promoción y la mejora de las condiciones en que se mueven hoy los bancos ha logrado algo también impensable hasta el año pasado: la emisión de plásticos nuevos ya se acerca a los niveles precrisis del sistema. En agosto se emitieron unas 350.000 tarjetas de crédito contra las 420.000 que se ponían en circulación en 1998, el mejor año para este sector (y muchos otros, desde ya). Este miniboom ha hecho que regresaran, por caso, los envíos de tarjetas preimpresas, no solicitadas por el cliente (las que, a diferencia de lo que se hacía en otras épocas, no son «vivas»: el cliente debe habilitarlaspara que tengan validez, y hasta tanto no lo haga no acumulan cargos).
También las marcas se «animan» a lanzar nuevos productos, como las tarjetas prepagas, negocio en el que MasterCard hizo punta y será seguida por VISA en poco tiempo más. Estos plásticos tienen un valor preasignado que se carga a la tarjeta al momento de comprarla; la oferta irá hacia sectores como «gift cards» (de regalo), compras por Internet (para quienes teman poner los datos de su tarjeta de crédito en la red), cheques de viajero o remesas de fondos a familiares en el exterior.
En la actualidad hay en circulación unos 11 millones de tarjetas de crédito, de las cuales VISA tiene poco más de 50%, MasterCard otro 33% y el resto se reparte en marcas menores. El cupón promedio ronda los $ 60 y el sistema procesa unos 35 millones de operaciones por mes. Si se tiene en cuenta que hay algo así como cinco millones de « tarjetahabientes» (titulares de plásticos), puede decirse que uno de cada tres argentinos económicamente activos tiene este medio de pago en el bolsillo.
El otro negocio de las administradoras, la tarjeta de débito, aporta al sistema otros $ 700 millones, cifra que también viene trepando en forma sostenida y se están emitiendo 180.000 por mes. Del total de 10 millones que circulan, unos 2 millones se usan para compras en comercios y otros 3 millones sólo para extracciones en cajeros automáticos.




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