¿Y si la tasa no fue la salvación?

Economía

A pesar de que agosto viene siendo ganador (aunque sólo sea en 0,42%), en franco desafío a la tradición de ser el peor mes del año, las cosas no han sido fáciles. La rueda de ayer no fue excepción y como botica dio para todo. Ya el "premercado" anticipaba una jornada alcista, atemperada con los datos (desilusionantes) de las ventas minoristas y pedidos de seguro de desempleo. Pero ni esto, ni la suba del precio del petróleo (cerró en un nuevo record de u$s 65,8 por barril), ni el desplome del dólar (quedó en el mínimo de 10 semanas ante al euro y de 6 ante el yen -atención con el Nikkei que parece imparable-) alcanzaban para modificar el rumbo de un mercado, liderado por el sector energético, el exportador y algo más tarde por el de los semiconductores. Curiosamente, una hora más tarde parecía como si alguien hubiera retirado el piso debajo de los inversores, y en un proceso similar al de la jornada anterior -es decir, sin que mediara ninguna novedad importante-, los precios comenzaron a ceder terreno sin prisa pero sin pausa.

Media hora después de mediodía, los tres grandes indicadores bursátiles se encontraban prácticamente en el mismo punto donde habían terminado el miércoles, rebotaban ligeramente y de ahí hasta una hora antes del cierre quedaban prácticamente sin cambios.

Hay quien dice que la exitosa colocación de treasuries a 10 años, que atrajo un inesperado número de ofertas internacionales, fue lo que disparó el rebote de la última hora, merced al cual el Dow quedó en 10.685,89 puntos ganando 0,86%.

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