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Greenspan se jubilará en enero, tras 18 años al frente de la Reserva Federal, la Fed, durante los que sus decisiones sobre la suba o baja del precio del dinero han afectado los patrones de consumo, ahorro o inversión de los ciudadanos y empresas estadounidenses y del mundo. En este período, los mercados han estado pendientes de cualquier sonrisa de este judío neoyorquino y han leído del derecho y del revés sus declaraciones, crípticas a propósito, en un intento de adivinar sus intenciones.
A Greenspan se le da especialmente bien desenredar la madeja de datos económicos conflictivos para descubrir señales sobre la dirección futura de la economía y, en esta faceta interpretativa, el jefe de la Fed es reverenciado como un moderno oráculo de Delfos. Pero el templo tendrá nuevo augur, y el carácter de ese nuevo presbítero del capitalismo y su fiereza contra la inflación ya son parte de los cómputos de Wall Street, donde se hacen y deshacen fortunas en base a apuestas sobre lo que va a pasar.
Por ahora, los analistas de las grandes firmas de inversión neoyorquinas dan ventaja en las encuestas a Bernanke, de 51 años, uno de los gobernadores de la Reserva Federal.
El presidente de EE.UU., George W. Bush, lo propuso en abril para presidir el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca (CEA, en inglés), un cargo que requiere confirmación del Senado. Algunos analistas ven ese trabajo como una prueba de rodaje para comprobar sus facultades para el otro puesto y su lealtad a Bush. Los otros dos nombres más mencionados para reemplazar a Greenspan también dirigieron el CEA.
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