Carola Reyna: "La mente nos lleva al peor lugar"

Edición Impresa Libre

En "Sin filtro", la actriz le da vida, junto al Puma Goity, a un matrimonio de muchos años que, jaqueado ante la presencia de una pareja amiga, comienza un juego de verdades maquilladas.

Entre el pensar y el decir hay un abismo. Pero como si se tratara de un hilo conductor, lo gestual comunica. Habla. Y acorta aquella distancia que, en un principio, era inalterable. O parecía. Porque entre ser y aparentar también hay trechos que, tranquilamente, podrían medirse en un sistema de seguridad. “Sin filtro” expone a través de la comedia un mundo donde nadie dice lo que piensa. O sí. Porque el silencio juega un papel. Y la risa del público lo completa.

Carola Reyna, que fue premiada con un ACE como mejor actriz protagónica en comedia, brilla como parte de un matrimonio que comienza a tambalear ante la presencia de un amigo que llega a la cena con una pareja nueva y mucho más joven. En esa dinámica sucede una noche en la que quedarán a la vista verdades maquilladas, mentiras piadosas y descubrimientos. Luego de una primera temporada, la obra de Florian Zeller (El padre), dirigida por Marcos Carnevale, reestrenó la semana pasada en el Paseo La Plaza lo que de por sí ya es un éxito. “Nos da mucho alegría reestrenar algo que nos hace felices porque a veces hacés algo que, por nuevo, no tiene por qué hacerte sentir bien. Resistir un año, ya es mucho. Para nosotros fue un bunker a la situación que se vivió en el país”.

Los personajes se someten a un juego de inseguridades. ¿Qué lugar ocupa la mente en ese ida y vuelta?

  • R.: Más allá de que te guste lo que piensen los protagonistas o no, cuando estamos gobernados por la mente siempre es un error.

¿Por qué?

  • R.: Porque la mente nos lleva siempre al peor lugar. Nos identificamos y creemos en pensamientos cuando la mente es un pájaro loco que no para de darnos mala información. Estamos todo el tiempo adelantándonos o yendo para atrás. Y así vivimos a través del miedo, la inseguridad o la ira. Si no la domamos, nos dicta cosas raras.

¿Y cómo responde esa pareja ante eso?

C.R.: Lo que te llevás de la obra es que, luego de un tsunami o cuando hay una emergencia, a veces no se es prolijo en el salvataje. A lo mejor te equivocás. Cometés imprudencias porque frente al peligro no sabés reaccionar. Pero el barco sale a flote. Está bueno identificar al rescate de la pareja. Con todos sus avatares. Hay algo que se sostiene: estar en el camino con el otro.

Y aceptarse...

  • R.: Aunque no nos entendamos. Ambos pudimos con esta ola que nos revolcó. Y eso muy aplicable a miles de situaciones. A veces las discusiones son al pedo. Las palabras engañan. Estar de acuerdo o no termina siendo un blef. Lo importante es la capacidad de seguir acompañándose o no. En estos tiempos volátiles, tan llenos de información, la compañía amorosa tiene mucho valor.
Obra

Vos llevás 25 años de pareja con Boy Olmi. Pero en estos tiempos las parejas duran poco.

  • R.: Es que antes la moda era separarse. Ahora lo moderno es sostenerse, porque a la pareja cuando le sacás la alfombra siempre queda patas para arriba.

En la obra se da vueltas sobre la verdad y la mentira. ¿Qué valor le da a la verdad?

  • R.: Hay cómo, qué y a quién decirle las cosas. Por eso los analistas siguen teniendo tantos pacientes. A veces está bueno decir las cosas para uno porque quizá al otro no le sirve lo que yo tengo para decirle. La verdad, dicha sin cuidado, es pésima. Puede ser hiriente, anticipada o la creencia de uno. Creo que la verdad está buena con uno. Cuando voy a ver un espectáculo de alguien que quiero y no me gusta, no puedo dejar de ver su circunstancia, lo bien que le hizo laburar, que tenga un sueldo. Cuánto vale si el espectáculo es interesante. ¿Es tan importante esa verdad? Lo importante es que me alegró verlo. No perdamos de vista que estamos muy divididos entre lo que mostramos y lo que somos. ¿Cuál es la verdad? Es un quilombo.

¿Cómo es el trabajo de la complicidad con el público?

C.R.: Es un ejercicio muy divertido. El público participa mucho. Si bien no miro a la cara de la gente, hay mucha empatía. No es un stand up, pero cambia la dinámica. Es muy expresivo. Es un ejercicio. Vas y venís. Es cansador, pero te hace sentir muy dúctil. Y sobre todo provoca alegría.

Dejá tu comentario