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1-M: en besamanos K, Gobierno muestra tropa (y deserciones)
• COMO DURANTE LA CRISIS CON EL CAMPO, EL OFICIALISMO SE MOVILIZA: ESPERAN DE 120 A 200 MIL PERSONAS
El kirchnerismo salió a convocar para la movilización del 1-M con el mensaje de respaldar a Cristina de Kirchner y la idea de los intentos de desestabilización del Gobierno.
Como pocas veces antes, el Gobierno -vía Jorge Capitanich, Aníbal Fernández y Oscar Parrilli, ahora en la SIDE, pero histórico "show planner" del kirchnerismo- ajustó en detalle la convocatoria. Un dirigente K, experto en actos, comparó el mecanismo de convocatoria y de "invitación" a todos los sectores del universo K con la juntada que Néstor Kirchner, en plena crisis con el campo, encabezó frente al Congreso la tarde previa a perder, con el voto no positivo de Julio Cobos, la votación por la 125.
La disputa abierta con sectores de la Justicia que desplegó la Casa Rosada remite, en más de un caso, a aquella batalla perdida legislativamente, pero que derivó en la derrota electoral de 2009, aunque no impidió el renacer del kirchnerismo. "Ahora, a diferencia del campo, hay más grupos de poder involucrados en la maniobra, pero tiene menos respaldo social", sintetizó un referente ultra-K.
Como entonces, esta vez el Gobierno agitó el mensaje de "no al golpe" y el planteo de intentos desestabilizadores. En un juego de espejos, anteanoche, Elisa Carrió revirtió esa variable y justificó su ausencia a la asamblea con el temor a un "autogolpe". "No quiero que me maten", dijo.
En Casa Rosada interpretaron los dichos de la diputada como una "agitación" para sembrar pánico y, de ese modo, inhibir a asistentes silvestres. Una balacera, de madrugada, contra un local del Movimiento Evita de Vicente López (ver nota aparte), muy cerca de la quinta presidencial, encajó en la interpretación de una operación para generar temor.
En simultáneo, en coincidencia con la fecha de cumpleaños de Kirchner, grupos y referentes K reforzaron ayer la convocatoria y el llamado para la movilización del domingo, a la Plaza del Congreso, para saludar al expresidente fallecido y para reforzar la idea de una convocatoria masiva en medio de la crisis que detonó el caso Nisman y pareció alcanzar un punto crítico con la movilización del 18-F.
Aunque al Gobierno le disguste el concepto, el acto del 1-M tiene un sentido de respuesta a aquella convocatoria y adquiere -por esa simple razón- el carácter de contramarcha.
Reglas
La marcha de respaldo a Cristina de Kirchner tendrá sus reglas logísticas: la principal -y que funcionará como una prueba de fuego para saber quiénes la respetan- es que debería tener como única identificación, más allá del territorio y la agrupación, el respaldo a la Presidente. En criollo, según el mensaje que emiten desde Casa Rosada, que no se convierta en una vidriera de candidatos. Parece difícil que se cumpla: varios referentes, entre ellos, el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, preparan un despliegue de banderas y globos con su nombre para aprovechar el acto.
La consigna de sólo banderas argentinas, de territorios o de agrupaciones encaja en un concepto más amplio: la prioridad del Gobierno es sostener a Cristina de Kirchner para, como segunda variable, validar su condición de conductora única y "gran electora".
En el armado del acto, se estimaba anoche que los intendentes del conurbano aportarían más de 45 mil personas -30 mil, el sur; sólo 15 mil La Matanza-, mientras que las organizaciones sociales, encabezadas por La Cámpora, movilizarían unas 50 mil, y gobernadores, gremios y referentes del interior aportarían el resto. Respecto de los sindicatos, hay un dato intrigante: los gremios oficialistas no marcharán como CGT, sino como "MASA", la marcha política que los unifica.
Una cifra que suena razonable, según esos cálculos, es la de 150 mil asistentes, pero también asumen los armadores que es difícil medir la concurrencia a la plaza del Congreso. El piso de concurrentes, dijeron ayer en Gobierno, es de 100 mil personas, aunque el álbum de fotos K estará orientado a mostrar a los que están alineados.


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