“1984” apto para todo público

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«La piedra mágica» (Shorts, EE.UU.-Emir. Arabes Unidos, 2009, dobl. al español). Dir.: R. Rodriguez. Int.: J. Cryer, W.H. Macy, L. Mann, J. Spader, J. BenJ. Vanier, K. Dennings. 

Robert Rodriguez rompe los esquemas del cine para chicos con «La piedra mágica», que en inglés se llama «Shorts», es decir, «cortos», Ya antes de los logos de las productoras que anteceden a los títulos, en la pantalla aparece una secuencia introductoria que podría confundirse con un trailer publicitario de otra película. Ese corto muestra el infatigable duelo entre dos hermanitos a ver quién puede estar más tiempo con los ojos abiertos, sin parpadear. El duelo va y viene durante todo el film, planteado como una sucesión de cortometrajes que cuentan una historia muy poco convencional de un modo aun menos ordinario (la excusa que pone el chico protagónico es que la historia es tan rara que no supo por qué parte empezar a contarla).

Detrás de su simple fachada de película para chicos ingenua y delirante, «La piedra mágica» es una corrosiva sátira social destinada a convertirse en film de culto para chicos y grandes. Sobre todo para chicos, a pesar de -o más bien, gracias a- la narración no lineal, intencionalmente incoherente, elegida por Rodriguez para buscarle un chistoso punto de vista auténticamente infantil a esta especie de «1984», que no por simpático, divertido y apto para todo público, deja de ser ácido y pesadillesco.

Un ejemplo: William H. Macy hace de un científico fóbico, obsesionado por mantener su casa libre de gérmenes apelando a métodos extremos, lo que no lo salva de ver su hogar invadido por un monstruoso moco gigante (surgido de la nariz de Rebel Rodriguez, uno de los varios hijos del director de esta auténtica película familiar).

Toda la historia transcurre en un barrio cerrado, la comunidad Black Box, sólo habitada por la gente que trabaja en la empresa Black Box y sus familias. James Spader es Mr. Black, el despiadado magnate creador del Black Box, el aparato diseñado para reemplazar todos los demás aparatos del mundo moderno, ya que este cubo negro puede transformarse en celular, PC, GPS, cámara de fotos o video, rallador de queso, aspiradora y cualquier otro artefacto cibernético o electrodoméstico conocido.

Mientras todos los adultos están esclavizados full time al diseño, marketing y actualización del Black Blox, cuyo creador define como el objeto que puede cumplir todos los deseos del consumidor, los chicos, hartos de tanto encierro tecnológico, encuentran una piedra multicolor que puede cumplir cualquier deseo que exprese en voz alta el que la tiene en su mano. Conscientes de que podrían pedir cosas realmente trascendentes como la paz en el mundo, los chicos sin embargo dedican sus deseos a sobredosis de golosinas, ejércitos de cocodrilos y amigos alienígenas. La piedra va pasando de mano en mano, es perdida y encontrada y cuando termina en poder de los adultos la cosa se vuelve apocalíptica.

Los distintos cortos se entrelazan de tal manera que las mayores torpezas de los personajes adultos o niños luzcan siempre simpáticas, chistosas y divertidas, y cierto exceso de efectos digitales se compensa con las excelentes actuaciones de algunos de los chicos actores, empezando por la temible hija del magnate, Helvética (Jolie Vanier, todo un descubrimiento), igual que el súper auténtico Trevor Gagnon, el lunático que encuentra la piedra mágica y no puede parar de pedir deseos surrealistas.

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