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A AEA no le atrae blanqueo de capitales
En diálogo con este diario, Jaime Campos, director ejecutivo de AEA, dijo: «Consideramos que debe impedirse el ingreso de fondos de origen ilegal y respetarse plenamente los compromisos internacionales en materia de lavado de dinero».
El blanqueo de capitales propuesto por el Gobierno de los Kirchner fue duramente criticado en privado por muchos sectores empresariales, que lo calificaron de «un traje a medida para alguien que no somos nosotros». Sin llegar tan lejos, Campos admitió que esto había sido tema en la reunión de la comisión directiva de AEA celebrada ayer, y por eso el ejecutivo charló de la cuestión con algunos periodistas.
En relación con el apoyo dado a las empresas para poner dentro de la formalidad a sus trabajadores «en negro», Campos afirmó que la AEA «comparte todo esfuerzo que contribuya a formalizar la economía. Vemos como algo positivo favorecer la regularización fiscal entre las pymes, así como la situación de los trabajadores no registrados».
En lo que hace a la política impositiva, el dirigente sostuvo que «deberían impulsarse medidas que reduzcan la presión fiscal sobre las empresas que cumplen con sus obligaciones tributarias, y reducir la presión sobre los consumidores». Agregó: «De otro modo, seguimos 'cazando dentro del zoológico': la presión fiscal es siempre sobre los mismos, o sea, los que pagan». En este sentido, dijo: «Reducir los impuestos a las empresas y al consumo, en situaciones de crisis como la que estamos atravesando, es casi de libro, es keynesianismo puro. Por eso apoyamos también toda medida que aliente el consumo interno. También el Plan de Obras Públicas y la creación del Ministerio de la Producción».
Cabe recordar que AEA nació en plena crisis de 2001-2002, como una iniciativa para que el empresariado nacional la enfrentara en conjunto. En ella están sólo los «número uno» de cada grupo empresario, y la intención original de aglutinar sólo a empresas de capital local se amplió casi de inmediato a los CEO de grandes empresas extranjeras. Su primer presidente fue Oscar Vicente, quien debió dejar su cargo rápidamente cuando su empleador, Gregorio Pérez Companc, le vendió su negocio petrolero (que Vicente encabezaba) a la brasileña Petrobras.
S.D.


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