9 de febrero 2012 - 00:00

A cinco años del inicio de la crisis de las hipotecas

El índice de precios inmobiliarios de Estados Unidos, Case-Shiller, es la principal referencia del mercado. La historia muestra que en el crac del 30 sufrió una caída del 30% para luego embarcarse en una senda de sostenido crecimiento hasta llegar a los niveles explosivos de mediados de este siglo. Estalló la crisis de las hipotecas subprime, el índice se derrumbó un 35% y aún no muestra señales de estabilización.
El índice de precios inmobiliarios de Estados Unidos, Case-Shiller, es la principal referencia del mercado. La historia muestra que en el crac del 30 sufrió una caída del 30% para luego embarcarse en una senda de sostenido crecimiento hasta llegar a los niveles explosivos de mediados de este siglo. Estalló la crisis de las hipotecas subprime, el índice se derrumbó un 35% y aún no muestra señales de estabilización.
Ayer se cumplieron cinco años desde el comienzo del estallido de la burbuja inmobiliaria en EE.UU. que desató la crisis de las hipotecas subprime o de alto riesgo. Aún el mercado inmobiliario norteamericano no se ha recuperado y muchas entidades financieras todavía tienen sus carteras contaminadas de estos bonos basura. Sin embargo, el mercado parece haberse olvidado de cómo ocurrió y hoy todo es Grecia y Europa.

A continuación una breve reseña de los acontecimientos que detonaron la crisis que hoy en día aún no se ha resuelto.

El 8 de febrero de 2007, las acciones de New Century Financial Corporation comandada por Brad Morrice, por aquel entonces la segunda mayor empresa de préstamos hipotecarios de alto riesgo de EE.UU., se derrumbaron más del 36%. Para esta financiera fue el principio del fin ya que un mes después se declararía en bancarrota.

Cabe recordar que gran parte del boom inmobiliario se sustentó en las llamadas hipotecas subprime, que eran préstamos concedidos a personas de bajos ingresos, sin trabajo regular y sin activos que respaldaran su posición financiera. O sea, se trataba de clientes que no alcanzaban la calidad prime para acceder a un crédito hipotecario, de ahí que los calificaran como subprime. Las entidades eran concientes del alto riesgo que acarreaban estas hipotecas y sus clientes, pero una vez cubierto el segmento prime, para seguir potenciando el negocio optaron por relajar los requisitos. El objetivo era evitar que se frenara la rueda del negocio de las hipotecas, para continuar lubricando el mecanismo de la titularización (emitir bonos con el respaldo de productos hipotecarios).

Confesión

Al respecto vale recordar la confesión que hizo en julio de 2007 al diario británico Financial Times, el presidente del Citibank de aquella época, Charles Prince: «Cuando la música se detenga, en términos de liquidez, las cosas serán complicadas. Pero mientras la música siga sonando, tú tienes que salir y bailar. Todavía estamos bailando». Sin duda, era la visión cortoplacista la que dominaba la filosofía empresarial de esos momentos que explica, en parte, los excesos vividos esos años de dinero barato al amparo de bajísimas tasas de interés de los bancos centrales por largo tiempo. Esos intereses, que en términos reales llegaron a ser negativos, penalizaban el ahorro y fomentaban así el mayor endeudamiento, un incentivo que fue captado por el sector financiero, que se volcó de lleno en dar préstamos con dos objetivos: compensar la pérdida de márgenes con un mayor volumen de crédito y a la vez nutrir la dinámica de la securitización de bonos.

Avalancha

La avalancha de préstamos hipotecarios permitió que las familias accedieran a montos de crédito jamás soñados e incluso con la posibilidad de poder tomar más dinero para otros gastos. Así muchas personas hasta compraron más de una casa, encararon proyectos como viajes internacionales o la compra de autos que estaban fuera de su alcance. Nadie parecía preocuparse si toda esta gente podría devolver estos créditos en el futuro. Algo similar ocurrió con los préstamos corporativos, muchas empresas se embarcaron en gastos, proyectos e inversiones faraónicas.

Claro que todo esto fue posible por el andamiaje de regulaciones no tan estrictas que soslayaban estas prácticas y sus posibles consecuencias.

Como la historia siempre mostró, los ciclos de altas especulaciones terminan estallando y New Century fue la primera señal aquel 8 de febrero. Luego, el paso del tiempo se encargó de develar que esas hipotecas subprime eran sólo la mecha de una bomba mucho mayor, potenciada con proporciones históricas y obscenas de deuda. New Century tenía 7.200 empleados y una capitalización bursátil de u$s 1.750 millones (sus ingresos netos se ubicaban en los u$s 500 millones). El 14 de marzo de 2007, el día después que la Bolsa de Nueva York retiró de su lista de cotizantes a New Century Financial Corporation, el valor de capitalización de mercado de sus acciones fue inferior a u$s 55 millones. Aún con la anestesia de la euforia muchos creyeron que era un problema aislado. Pero en realidad era el principio del fin. Estallaba el boom de las subprime y con ellas comenzaba el derrumbe del sistema bancario y financiero en EE.UU. con su correlato internacional.

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