2 de junio 2009 - 00:00

A dúo, los Kirchner “aprovechan” los escraches del campo

Cristina de Kirchner pasó ayer por Río Gallegos, donde dos años atrás fue escrachada Alicia Kirchner, y llamó a resistir ante los ataques.
Cristina de Kirchner pasó ayer por Río Gallegos, donde dos años atrás fue escrachada Alicia Kirchner, y llamó a resistir ante los ataques.
El Gobierno se resiste a dejar que se esfume de la agenda la polémica por los escraches. A dúo, Cristina y Néstor Kirchner usaron ayer tarimas distintas para, otra vez, descargar sus críticas contra el campo y apuntar, en paralelo, a la oposición.

Usaron atajos diferenciados: en Río Gallegos, la Presidente pidió que «ni la violencia» ni «las agresiones» detengan al Gobierno. En Cañuelas, el ex presidente prefirió ser más brutal: comparó la Mesa de Enlace con la última dictadura militar.

La de Cristina fue su primera referencia a un tema de vieja data, pero que se reavivó la última semana con los ataques a Daniel Scioli en Lobería y a Agustín Rossi en Santa Fe. Eligió, además, un lugar emblemático: Río Gallegos, la ciudad donde vivió más de 30 años.

Es más: un incidente violento, en 2006, contra Alicia Kirchner fue lo que llevó a los Kirchner a instalarse definitivamente en El Calafate y abandonar su casa en Río Gallegos, ciudad en la que el ex presidente fue intendente entre 1987 y 1991.

Sintonía

La Presidente, al igual que su marido, se movieron en sintonía ayer al tomar como eje de sus discursos los escraches contra funcionarios y legisladores K.

«Argentinos, que no nos detengan ni nos hagan perder tiempo con las elecciones, la violencia ni la agresiones. La Argentina necesita de hombres y mujeres que se comprometan con su pueblo», aseguró, por su lado, la Presidente y le apuntó a la oposición, en concreto a la UCR, a la que acusó de «chocar dos veces el país».

«Nosotros nunca llegamos poniendo piedras en el camino a otros gobiernos, porque nadie construye éxitos sobre el fracaso de la sociedad», continuó.

Al atardecer, fue el turno de Kirchner, en su visita a Cañuelas, distrito semirrural del conurbano sur, donde se esperaba una manifestación de productores.

«Lo de hoy me parece trágico-cómico, pareciera ser como si hubieran cambiado los tanques por algunos tractores, que en vez de meterlos a trabajar en el campo ponérselo enfrente a la gente», enfatizó Kirchner, al extremo, durante un acto de campaña.

En esa línea, siempre confrontativa, trazó un paralelo -seguramente excesivo- de los «escraches» con la «represión tremenda y absurda» de la dictadura de 1976-1983, se preguntó «por qué (existe) esa intransigencia, por qué ese o me dan lo que yo quiero o rompo todo».

«Nosotros vamos a seguir llamando a la convivencia, pero defendiendo fuertemente el proyecto en el cual creemos. A nosotros no nos interesa ganar una elección de cualquier manera», advirtió en un discurso más fuerte que el de las últimas semanas.

En ese marco, Kirchner apuntó directamente contra el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Hugo Biolcati, al que acusó de querer «leña» para los que piensan distinto.

«El discurso del señor Biolcati no le hubiera extrañado a nadie en el 76 porque él quiere leña por la intemperancia con los que piensan distinto», afirmó.

El jefe del PJ volvió a vincular la protesta agropecuaria del año pasado por el polémico Decreto 125 con un intento por derrocar el Gobierno de la presidente Cristina de Kirchner.

«No es por casualidad, algunos buscan hacer ruido y condicionar para quebrar el funcionamiento institucional de la Nación, como cuando lo trataron de hacer el año pasado»
, enfatizó.

Además sostuvo que le «cuesta creer que a Daniel Scioli lo agredan tres o cuatro inadaptados con todo lo que se ha hecho», en referencia al «escrache» que sufrió el gobernador bonaerense días atrás en la ciudad de Lobería.

Para completar el circuito de castigos, se acordó de Julio Cobos: «El vicepresidente arma listas opositoras, ésa es la lealtad moral que marca a este país».

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