Tras la fuga de capitales de u$s 5.500 millones en el primer trimestre, la salida fue también notoria en el segundo: habría llegado, según cálculos preliminares, a los u$s 4.000 millones. De esta forma, en la primera mitad del año habría estado apenas por debajo de los u$s 10.000 millones.
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Esto demuestra que los controles que implementó la Comisión Nacional de Valores, impidiendo por ejemplo la negociación bursátil con paraísos fiscales, no tuvieron por el momento la efectividad esperada.
Este tercer trimestre arrancó algo más calmo. La presión cambiaria de junio dejó pasó a una semana, la poselectoral, más tranquila. Mientras los cinco días anteriores a las elecciones, el Banco Central tuvo que vender u$s 600 millones para contener el tipo de cambio; los cinco días posteriores fue diez veces menor, apenas u$s 50 millones. Sin embargo, con mercados internacionales más flojos, el dólar ayer subió un centavo, hasta $ 3,82.
«El segundo semestre es menos generoso en términos de liquidación de dólares. La clave para evitar más presión sobre el tipo de cambio es, lógicamente, que se suavice todo lo posible la fuga de capitales», explicó un funcionario de la entidad monetaria.
Las liquidaciones de los exportadores de cereales, agrupados en CIARA, fueron sustantivas en la semana posterior a los comicios, con unos u$s 90 millones diarios. Pero es probable que a medida que avance julio este promedio empiece a decaer. Si al mismo tiempo no disminuye la demanda de divisas por parte del sector privado (público y empresas), puede haber más presión al alza.
El objetivo del Gobierno es evitar un salto del tipo de cambio. Por el contrario, funcionarios estiman que la devaluación del segundo semestre debería ubicarse en un rango que va del 2% al 5%. Esto implica que el tipo de cambio no debería superar los $ 4 a fin de año.
Éstos son algunos datos claves para tener en cuenta que surgen del panorama financiero y cambiario:
Pese a los pronósticos que hablaban de una fuerte reducción de la fuga de capitales en el segundo trimestre, los números preliminares estarían indicando otra cosa: habría llegado a u$s 4.000 millones. Es menor que lo que se fugó en los tres primeros meses de 2009, pero sigue siendo un monto elevado. Es evidente, por otra parte, que la incertidumbre electoral impactó.
El Central terminó vendiendo u$s 750 millones en junio. La cifra es similar a las ventas netas registradas en octubre de 2007, el mes de las elecciones presidenciales que ganó Cristina de Kirchner. «Pero ahora el escenario era más complejo, porque en aquel momento nadie dudaba de la victoria del oficialismo», explicaron funcionarios de Casa Rosada.
La evolución de los depósitos privados fue negativa en junio. Los fondos que salieron del sistema terminaron comprando dólares. Los plazos fijos en pesos del sector privado cayeron $ 1.600 millones (1,5%). Además, salieron $ 940 millones de cajas de ahorro, que fueron parcialmente compensados por un aumento de fondos en cuenta corriente. En total, salieron en el mes (con datos oficiales al 26 de junio) depósitos por $ 2.069 millones.
El Central compensó la absorción de pesos generada por la venta de divisas con renovación sólo parcial de Lebac y Nobac y recompra de títulos públicos. Inyectó $ 2.000 millones a través del primer instrumento y adquirió $ 500 millones en bonos durante el segundo trimestre.
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