16 de diciembre 2011 - 00:00

A la espera de que Brasil retome el crecimiento

El Gobierno de Dilma Rousseff no se amilana frente a la crisis mundial, con epicentro en la periferia europea, pero tampoco se queda de brazos cruzados y continúa lanzando paquetes de medidas con el fin de reducir los posibles impactos de un descalabro de los mercados mundiales si el euro trastabilla.

Antes del último anuncio del 1 de diciembre, los analistas habían reducido sus estimaciones de crecimiento tanto para este año como para el próximo. Según el relevamiento Focus, que realiza el Banco Central de Brasil, las expectativas de crecimiento del PBI a fin de noviembre fueron recortadas al 3,1% para 2011 y a 3,46% para 2012. Muy lejos de la meta oficial confirmada por el ministro de Hacienda, Guido Mantega, de un 5% para el próximo año.

El último paquete, que podría bautizarse «Carnaval navideño», ya que apunta a incentivar el consumo interno en el período crucial que va de las fiestas de fin de año a la época de carnaval. Mediante rebaja y eliminación de impuestos y otras medidas tendientes a reducir el costo del financiamiento interno, el Gobierno brasileño busca impulsar el consumo y el crédito. Pero también quiere atraer inversiones extranjeras al mercado de capitales para lo cual retiró los impuestos a la compra de acciones locales por parte de extranjeros. Un camino para atraer, nuevamente, el ingreso de capitales y compensar la baja de las tasas de interés.

Todo ello se hace en pos de acercarse a la meta de crecimiento del 5% el próximo año. Pero está claro, por lo menos, para la mayoría, que si la crisis europea no se reencauza hacia una salida menos traumática y la economía norteamericana no consolida su recuperación, el mundo estará en problemas y todos pagarán algún costo, en mayor o menor medida.

Cualquier plan para reactivar en Brasil es positivo para la Argentina, sobre todo si los objetivos son aumentar el consumo de todo tipo de bienes. Pero mientras de este lado de la frontera se advierte que «no se quiere importar ni un clavo», en el vecino país priorizarán la oferta local.

Cabe recordar que el comercio bilateral en este y otros sectores está «administrado» con una serie de cupos. Entonces, albergar expectativas de que los industriales argentinos puedan participar de esta demanda alentada desde el Gobierno brasileño genera dudas.

Lo que está claro es que en 2011 el déficit comercial con Brasil cerrará en un récord histórico cercano a los 6.000 millones de dólares (al cabo de once meses acumula casi 5.400 millones, lo que es un 60% más que en 2010). Las estimaciones de crecimiento en la Argentina rondan el 3%. Si Brasil crece a una tasa similar, nada indica que este rojo se equilibre significativamente.

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