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A lo Mariotto, La Cámpora atropella y ya deja heridos
Gabriel Mariotto, Julián Domínguez, Fernando «Chino» Navarro
El «nosotros» es, además, acotado: lo invocan los referentes de La Cámpora y alcanza, a grandes rasgos, sólo a esa cofradía. De facto, excluye a dirigentes que hace tiempo forman parte del dispositivo K como Fernando «Chino» Navarro o Alicia Sánchez, la esposa diputada de Luis DElía.
Y, claro está, es una barrera infranqueable para legisladores que vienen del PJ o forman parte del esquema de Daniel Scioli. Ese «ustedes y nosotros», patrocinado y autorizado por Olivos y la Casa Rosada, fue invocado por el camporismo que en la Cámara de Diputados bonaerense comanda José Ottavis, secundado por otros dos referentes con autonomía de movimientos: Fernanda Raverta y Walter Abarca.
Fue, justamente, a través de Raverta y Abarca que la agrupación juvenil se quedó con la jefatura de dos comisiones de alta sensibilidad: Seguridad, que ocupará quien fue secretario privado de Néstor Kirchner, y Derechos Humanos, donde se sentará la legisladora de Mar del Plata.
Forcejeo
La lógica del palacio -el preacuerdo entre los subgrupos del bloque- era que a Seguridad fuese Franco Caviglia, diputado que tributa al intendente de Almirante Brown, Darío Giustozzi. Pero Ottavis forcejeó y consiguió desplazarlo para que ingrese Abarca.
Menos trabajoso resultó despejar DD.HH. para Raverta, quien, además de un CV de militancia en el PJ marplatense, es hija de desaparecida. Raverta fue, en enero pasado, quien explicitó el deseo de La Cámpora de intentar una reforma constitucional en busca de un tercer mandato de Cristina.
Detalle al respecto. Rocío Giaccone, una joven diputada de Junín, apadrinada por Ottavis, presidirá la comisión de Reforma Electoral, un cargo a priori simbólico pero que podría convertirse en usina de proyectos de cara a la batalla electoral de 2015.
Con Seguridad y DD.HH. el camporismo se apropia de dos comisiones que fueron en los primeros tres meses de convivencia con Scioli los temas de mayor tensión: por un lado, la política de Seguridad y por otro, el manejo de la Secretaría de Derechos Humanos todavía a cargo de Sara Cobacho.
Otros repartos sirven para dilucidar acuerdos y tensiones. Dos casos testigo: en Presupuesto, el nombre puesto era Iván Budassi, diputado de Bahía Bolanca, ligado al ministro de Producción sciolista y exintendente bahiense Cristian Breitenstein.
En la mesa de negociación La Cámpora pidió ese lugar para Darío Golía, legislador alineado con Julián Domínguez, uno de los arietes K para bombardear a Scioli en la provincia. Es decir: volteó a un filosciolista para imponer a un potencial kirchnerista. En otra comisión clave se instaló el randazzista Marcelo Feliú, que ya ocupaba ese lugar. La Cámpora no pujó por ese lugar para no tensar con el ministro del Interior, Florencio Randazzo, ya que ese sector arrancó con duros cruces en el vínculo con la rama Sub-40.
Hay otra tregua: Jorge Mancini, sindicalista de la CEAMSE, que forma parte del esquema del moyanismo, se quedó con la jefatura de la Comisión de Trabajo. En tanto, Gabriel Bruera, hermano del intendente de La Plata, fue habilitado para presidir Asuntos Municipales. Puede convertirse en una oficina de alto impacto si avanza una reforma de la Ley Orgánica de las Municipalidades.
El avance a lo Mariotto, aunque en principio más eficaz, es un triunfo de doble filo: el manejo de Diputados, aunque la presidencia esté en manos de Horacio González, ubica al neocamporismo en un mismo dilema compartido con el vicegobernador.
El manejo de la Legislatura, tanto el Senado como Diputados, podría convertirse en un problema si no avanzan proyectos sciolistas, en cuyo caso la imputación caerá sobre los administradores legislativos del kirchnerismo. Podrá, en cambio, imponer sus propias miradas.


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