24 de julio 2012 - 00:00

A los 57 años, murió Alicia Zanca

Actriz desde que era adolescente y últimamente cada vez más afirmada como directora teatral e incluso de ópera, Alicia Zanca fue un modelo de dedicación también en el ámbito familiar.
Actriz desde que era adolescente y últimamente cada vez más afirmada como directora teatral e incluso de ópera, Alicia Zanca fue un modelo de dedicación también en el ámbito familiar.
«Como actriz, me he sentido muy sola en el escenario, sin contención. Y la verdad es que me asusté. Ahora prefiero dirigir y elegir yo misma el material que me interesa. De volver a la actuación lo haría de otra manera». Con esta pequeña confesión Alicia Zanca afirmaba su rol de directora, en el que pudo explotar su espíritu lúdico y acompañar a sus elencos con devoción de madraza.

La querida actriz, fallecida ayer a los 57 años, víctima de cáncer, inició su carrera teatral siendo todavía una adolescente. Agustín Alezzo la dirigió en «Las brujas de Salem» (1972) y al poco tiempo ingresó al elenco estable del Teatro San Martín, convocada por Kive Staiff. Pero el gran espaldarazo dentro del circuito teatral se lo dio «Boda Blanca», de Tadeusz Rozewicz con una vibrante puesta de Laura Yusem. Bajo las órdenes de la misma directora también se destacó en «Rápido nocturno» de Mauricio Kartun; «Los pequeños burgueses» de Máximo Gorki y en dos piezas de Griselda Gambaro: «Lo que va dictando el sueño» y «De profesión maternal».

Luego Zanca, se fue volcando cada vez más a la dirección con muy buenos resultados. Hasta la propia Gambaro, luego de ver otros trabajos suyos, le ofreció dirigir «Pedir demasiado» en el Teatro Cervantes, dando inicio a un vínculo entrañable:

«Para mí Griselda Gambaro es como el I Ching», comentó la actriz en una entrevista con este diario, «Durante nuestros encuentros me ha dicho cosas que me llevaron a tomar decisiones muy importantes en mi vida». Zanca veía al teatro como una fuente de aprendizaje y cuidaba a sus actores con la misma dedicación, respeto y ternura que le inspiraban sus hijos. Y -cosa rara en una actriz- nunca alimentó su ego y tampoco le importó mostrar sus debilidades: «La maternidad no es un don natural, es algo que se profesa todos los días». «Soy maternal por vocación, no por instinto», comentó a este diario. «Yo siempre dije que no iba a tener hijos, que no me interesaban. El deseo lo puso Gustavo [Garzón, su ex marido] y se lo agradezco. A lo mejor, de haber estado junto a otro hombre nunca habría sido madre. Tal vez por mi condición de hija única y el haber tenido un padre que era marino mercante y nunca estaba en casa, yo rechazaba la maternidad. Pero hoy tengo tres hijos que adoro y ellos, por suerte, tienen un padre muy presente, tanto que a veces molesta» (esto último dicho entre risas, desde luego).

El éxito obtenido con sus puestas para el Complejo Teatral de Buenos Aires («El zoo de cristal» de Tennesse Williams; «Arlequino servidor de dos Patrones» de Goldoni; y dos clásicos de Shakespeare: «Romeo y Julieta» de «Sueño de una noche de verano»), hizo que recibiera un aluvión de propuestas para dirigir en el circuito comercial. También incursionó en la ópera («La hija del Regimiento» de Donnizetti en el Teatro Colón; «Cosi fan tutte» de Mozart (2009) en La Manufacturera Papelera ) y también en la comedia musical. Alejandro Romay también admiraba sus trabajos y en su momento la invitó a dirigir «Aplausos», en el teatro El Nacional, con un elenco encabezado por Claudia Lapacó y Paola Krum).

Como ocurre en estos casos, su prematura muerte, deja el sabor amargo de una carrera que ha quedado trunca cuando prometía muchos más logros.

Sus restos son velados en el Teatro Regio (Av. Córdoba 6056), hasta las 10 de la mañana, hora en que partirá el cortejo fúnebre hasta el cementerio privado Parque Memorial, de Pilar.

Dejá tu comentario