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A los 80 años murió Claudio Abbado, un maestro irrepetible
Murió ayer a los 80 años en Italia Claudio Abbado, uno de los directores de orquesta fundamentales de la segunda mitad del siglo XX. Director musical de la Scala, impulsor de orquestas juveniles y gran intérprete, desde la batuta, de los repertorios más distintos que comprendieron tanto la ópera verdiana y rossiniana como las composiciones de vanguardia, Abbado fue también uno de los pioneros en hacer llegar la música a cárceles, hospicios y asilos. En tal sentido, también cumplió un papel político determinante. Junto con la información de su muerte, resultado de una larga batalla contra un cáncer, le ofrecemos al lector un artículo de nuestro corresponsal en Miami y director de la publicación Miami Clásica, el artista y crítico Sebastián Spreng.
Claudio Abbado, batuta fundamental en el último medio siglo, murió ayer en Bolonia durante una batalla de muchos años contra un cáncer de estómago.
Abbado fue el fundador de la Joven Orquesta de la Comunidad Europea en 1978 y durante su dilatada carrera, llevó la música clásica a cárceles y hospitales pediátricos porque, a su juicio, "la cultura permite superar todos los límites", por lo que siempre se mostró muy crítico con los recortes a la cultura.
De padre violinista y madre pianista, Abbado nació y creció en la Emilia Romagna en 1933 y, después de pasar por los templos de la música clásica más importantes del planeta, se convirtió en una reputada figura cultural tanto en Italia como en el extranjero.
Fue director de uno de la Scala de Milán, entre 1979 y 1989. También dirigió la Ópera del Estado de Viena (1986 a 1991) y la Filarmónica de Berlín. "Pequeño, frágil, delicado. Le bastaba subirse en el podio y, al primer movimiento de batuta en el aire, ocurría el milagro. Todo se hacía inmenso, incorruptible e inmortal", lo recordó ayer uno de sus amigos, el actor y cineasta Roberto Benigni.
En su página de Facebook, Daniel Barenboim lo despidió de la siguiente manera: "Conocí a Claudio Abbado a principios de los '50, cuando él estudiaba piano con Gulda en el Mozarteum de Salzburgo. En 1956, ambos participamos en un curso de dirección orquestal en Siena y, desde entonces, compartimos una larga amistad musical y humana. Atesoro muchos recuerdos suyos, eI más reciente desde luego el de su regreso a la Scala de Milan en 2012, cuando actuamos juntos en un concierto. Con Claudio Abbado, perdemos uno de los más grandes músicos de los últimos 50 años, y uno de los pocos que tuvo una conexión tan fuerte con el espíritu de la música a través de géneros tan variados. Su compromiso con la música contemporánea fue particularmente notable, en la medida en que trabajó muy cercanamente con compositores como Nono, Ligeti y Kurtag, e interpretó sus obras durante su período de director musical de la Scala. Pero quizá más significativo fue su apoyo a los músicos jóvenes a través de la fundación de orquestas juveniles importantes. En ese sentido, fue un pionero en el trabajo con músicos jóvenes, desafiándolos y apoyándolos a través de su larga carrera. Con esto, dejó un ejemplo al mundo de que los músicos jóvenes e inexpertos pueden hacer música a muy alto nivel cuando se trabaja con ellos con la actitud y el compromiso exactos. Le debemos esto, y muchas otras cosas".


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