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A los 87 años, murió Leopoldo Federico
UNA DE LAS ÚLTIMAS FIGURAS LEGENDARIAS DEL TANGO
Leopoldo Federico tuvo su primer gran reconocimiento como bandoneonista cuando Piazzolla lo convocó para su audaz Octeto Buenos Aires. Tras un período de semiolvido, en las últimas décadas alcanzó el reconocimiento que injustamente había perdido.
Él mismo relató en la película documental "Por la vuelta" que le dedicara el realizador Christian Pauls un intercambio epistolar que había tenido muchos años atrás con Ástor Piazzolla. El marplatense había sabido reconocer las grandes virtudes de su colega bandoneonista más joven y lo había llevado a tocar con él en el atrevido proyecto del Octeto de mediados de los 50. Poco después, a la hora de elegir por dónde conducir su historia personal, su trabajo y su estética, en definitiva, había optado por convertirse en el director acompañante del exitoso cantor uruguayo Julio Sosa. Con eso ganó dinero, trabajó hasta cuando el tango estaba desaparecido del negocio y se ganó su espacio. Piazzolla no se lo terminó de perdonar nunca y, ya bien maduro, entendió aquel enojo y aquel reto de su colega que lo quería y lo admiraba.
Leopoldo Federico había nacido en el barrio de Once el 12 de enero de 1927. Debutó con la orquesta de Juan Carlos Cobián en 1944. Fue parte de las agrupaciones de Alfredo Gobbi, Víctor D'Amario, Osmar Maderna, Héctor Stamponi, Mariano Mores, Carlos Di Sarli y Horacio Salgán. Acompañó a los cantores Alberto Marino, Antonio Rodríguez Lesende y Carlos Fabri. Hizo un dúo con el pianista Atilio Stampone a comienzos de la década del 50. Y tuvo su primer gran reconocimiento cuando Piazzolla lo convocó para ser parte de su apuesta más osada, el Octeto Buenos Aires.
Pero 1959 fue para él su año de gran quiebre. Publicó su primer trabajo al frente de una orquesta y empezó a acompañar a Julio Sosa. Estuvieron juntos varios años hasta la prematura muerte del cantante en 1964, grabaron montones de discos, colmaron los bailes de carnaval de todo el país y compitieron de igual a igual con la naciente moda de la Nueva Ola.
No fue Piazzolla el único que sintió que Federico se había equivocado en su elección y que había derrochado su talento en pos del éxito. Eso, más el ostracismo en que cayó el género y la decadencia brutal de la actividad, lo tuvieron fuera de la consideración pública durante un largo tiempo. Pero en las últimas décadas, por el empuje de algunos productores, por cierto renacimiento del tango, por el interés de colegas y periodistas jóvenes, su figura volvió a alcanzar la trascendencia y el reconocimiento que injustamente había perdido.
Hacía ya tiempo que Federico tenía problemas de salud. Era evidente desde hacía años, aun sobre el escenario, la enorme dificultad que tenía para trasladarse. Eran menos evidentes, aunque sabidos, los muy fuertes dolores que sufría. Pese a eso, hasta que la salud terminó de ponerlo fuera de combate hace relativamente poco, repartía su tiempo con entusiasmo entre su responsabilidad como presidente de la Asociación Argentina de Intépretes (AADI) cargo al que había llegado hacía 20 años- y los conciertos que enfrentaba cada vez que se le presentaba la ocasión. En tal sentido, ni aun limitado como estaba por la artrosis, había perdido su capacidad de liderazgo, de "cadenero", al frente de su orquesta; esa que permitía descubrir su presencia aún con los ojos cerrados.
En lo personal, su discografía no es tan abundante. Tampoco es muy larga la lista de sus composiciones: "Cabulero", "Sentimental", "Canyengue", "Bandola zurdo", "Capricho otoñal", "Milonguero de hoy", "Preludio nochero", "Diagonal gris", "Pájaro cantor" y algunas más; y sólo muy pocas lograron meterse en los repertorios cotidianos de otros músicos.
Maestro sin tener alumnos directos. Gran conversador. Interesado por las cosas del tango y siempre dispuesto al diálogo un placer para los entrevistadores-. Ferviente luchador por los derechos de sus colegas. Pero por sobre todas las cosas, uno de los grandes intérpretes ya legendarios del tango que su suma a la lista de los que se fueron. Eso fue Leopoldo Federico. Y es otro que se va extrañar muchísimo.
Sus restos serán sepultados hoy, tras ser velados desde ayer en la Legislatura porteña.


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