Afortunadamente, la coherencia (de las ideas) no paga, porque si no sería un negocio al cual recurrirían los corruptos. Es por esto que podemos ver la cúpula del sistema financiero mutando de ser neoliberales a furibundos K (keynesianos), luchando desesperadamente por ocultar su vieja ideología cuando la masa se acerca al poder, sin ruborizarse en lo más mínimo. El problema es que quienes juegan a la política bursátil de esta manera, siempre llegan tarde y nunca consiguen la confianza plena del poder de turno. Su gestión como "autoridades del sistema" termina entonces fracasando y se convierten en uno de los factores y principales responsables del "achique" del mercado. El comportamiento de la cúpula financiera norteamericana y el pasaje de Greenspan a Bernanke, y eventualmente el año que viene a Yellen, es un ejemplo de lo dicho y de por qué el sistema financiero norteamericano continúa cediendo terreno ante otras plazas. Lo interesante es que esto se está dando en un marco de debilidad económica en el cual el precio de las acciones (ayer el Dow cedió el 0,01%, a 15.568,93 puntos) no ha hecho otra cosa que crecer.
Este fenómeno sin precedentes históricos tiene que ver con que desde 2009 las cotizantes vienen premiando a sus accionistas con la recompra de acciones y dividendos elevados, la protección del capital y la eficientización de sus operaciones, aun a costa del crecimiento, aprovechando la política de tasas bajas que viene implementando la Reserva Federal. Así, el dinero inyectado por el Gobierno, en lugar de llegar a los consumidores, pasa a los bolsillos de los accionistas, lo que no parece ser el mejor camino.
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