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Accame: “Escribo, más que nada, para saciar mi curiosidad”
El autor de «Venecia» explica que escribe «teatro, cuento, poesía, novela según el estado de ánimo, no forzado por haber tenido éxito en alguno de los géneros».
Periodista: ¿Cómo surgió la historia de los cuatro poetas, a los que dedicó una novela a cada uno, y que ahora concluye con «Gentiles criaturas»?
Jorge Accame: En 1999 publiqué, acá, en Jujuy, «Cuatro poetas», una antología de los poetas falsos Marcelo Atanassi, Juan Cízico, Evaristo Soler y Gabriela Sánchez. Cada poeta tiene su biografía, una selección de poemas y de traducciones que ellos han hecho de otros poetas, que tampoco existen. El escritor que hace esa antología es Jorge Accame, es decir que soy yo. Cuando apareció ese libro me dieron ganas de seguir investigando acerca de esos heterónimos, quise saber cómo eran esas personas que había inventado y de las que parecía que conocía sus obras. Entonces comencé a escribirle una historia más larga a cada uno de ellos. Así nacieron las novelas «Concierto de jazz», «Segovia o de la poesía», «Forastero», que fue premiada en 2008, y ahora «Gentiles criaturas», que cierra la tetralogía y, en principio, cierra éste ciclo narrativo.
P.: ¿Qué cuenta en «Gentiles criaturas»?
J.A.: Una historia de la única poeta de los cuatro poetas de la antología. Gabriela Sánchez deja a su marido y a sus hijos y se va a la costa para poner en orden sus papeles, sus escritos. Está sola en una casa frente al mar, pero espera gente; es como si estuviera por dar una melancólica fiesta con todos los personajes de su memoria. Los recuerdos se ponen en movimiento con cada nuevo poema que encuentra y la dispara en un viaje al pasado, hacia el origen del amor, del horror, del sexo. En el contrapunto entre ese presente en la casa que alquiló junto a la playa y los recuerdos que ella tiene se va armando la no
P.: ¿Cómo establece en su relato esos dos mundos en que vive la protagonista?
J.A.: Los tiempos verbales diferentes provocan el clima. El presente está en primera persona, el pasado está en tercera persona, como si ella estuviera hablando de sí misma. como si se tratara de un personaje.
P.: Estando las historias tan entrelazadas, ¿no le sorprendió que le otorgaran un importante premio por «Forastero», tercer tomo de esta historia?
J.A.: Si bien las historias están ligadas, se pueden leer en forma independiente. No se necesita de las cuatro historias para entender la historia de cada uno de los cuatro poetas. Cada uno tiene su mundo, su vida, sus pasiones y dramas. Justamente ir en ese sentido fue mi búsqueda, lo que me llevó a escribir sus historias. Quería saber con mayor profundidad de estos poetas, de estos heterónimos. Si bien las historias de los dos primeros, Marcelo Atanassi y Juan Cízico, tienen que ver entre sí, y las de Evaristo Soler y Gabriela Sánchez, también tienen que ver entre sí, lo que me pareció interesante es trabajar sobre los géneros. Así «Concierto de jazz», que es la de Atanassi, está escrita en una clave que se acerca a la lírica. «Segovia o de la poesía», que es la de Juan Cízico, está en clave dramática, es muy vecina al teatro. «Forastero», la de Evaristo Soler, está estructurada a través de cuentos. Y la última, la de Gabriela Sánchez tiene que ver con el ensayo.
P.: ¿Qué relación establece con Pessoa, el gran poeta portugués, al contar historias de heterónimos?
J.A.: No hay otra relación que la de que los personajes son heterónimos. Si bien es quien les dio su nombre, Pessoa no es el único escritor que trabajó con heterónimos; es sí el más famoso, es el signo que lo identifica, pero hay muchos poetas que lo hacen. Pessoa le hace una obra completa a cada uno de sus heterónimos, yo hice una antología de trabajos de cuatro personas, de cuatro personajes.
P.: ¿Con «Gentiles criaturas» da por terminado el ciclo que dedicó a la vida de esos poetas que eran usted mismo?
J.A.: Pensé que sí, pero hace poco empecé una historia epistolar entre estos cuatro poetas y el personaje Jorge Accame. No sé en qué momento cronológico de este complejo narrativo se posicionaría, probablemente antes de la escritura de las cuatro novelas que han sido publicadas. Estos cuatro poetas se conocen con Accame en una «mesa de poesía» que él coordina. Él les pide sus textos, con ellos hace aquella antología inaugural. Por lo tanto estas cartas estarán ubicadas en 1998, un poquito antes de que aparezca la antología «Cuatro poetas».
P.: ¿Cómo son esos cuatro poetas, Accame, usted que los conoce?
J.A.: «Segovia o de la poesía» es una historia donde Accame, como autor, le pregunta cosas a Juan Cízico, uno de sus heterónimos, para que le proporcione la historia. Es un interrogatorio que hace Accame a ese poeta para que le cuente su vida. Esa gente ha nacido toda más o menos por la época en que yo nací, aunque me suena que son un poquito mayores que yo. Marcelo Atanassi traduce poetas del italiano y del inglés. Juan Cízico es un helenista, traduce poetas griegos, sobre todo a Asciltos, un epigramático bizantino. Evaristo Soler traduce manifestaciones de otras artes al lenguaje de la poesía, por ejemplo tiene traducciones de «El pájaro de fuego» de Stravinsky o de «La tentaciones de San Antonio» de El Bosco; entiende la traducción no como el pase de un idioma a otro sino de una manifestación artística a otra. Con Gabriela Sánchez toma la traducción un matiz conceptual distinto. Firma todos sus libros como «poemas y traducciones» como si sus mismos poemas fueran traducciones de algún lado, como si la escritura fuera una traducción que hace ella de algún lugar de su espíritu.
P.: No nos dice cómo es Gabriela.
J.A.: Es que es una y muchas. Hace diez años, cuando apareció «Concierto de jazz» comenté en su diario cómo iba a ser todo este proyecto, el libro de poemas, los poetas, sus vidas, su relación conmigo. Fue en el único lugar donde conté todo eso. Poco tiempo después de que salió la entrevista en Ámbito me llegó una carta a mi casillero de la Facultad. Me fijo, y leo que me la manda Gabriela Sánchez. Adentro había una especie de foto. Me apuro a leer el texto que había al dorso: «Jorge Accame hace años me ocurrió con Fernando Pessoa y ahora contigo, no soporto ser sólo de ficción, por eso te envío un retrato que me hizo un artista plástico en un esfuerzo por salir de ella». Firma: «Gabriela Sánchez. Para vos Gabi». Vuelvo a la foto y es un cuadro con la imagen borrosa, casi abstracta de una mujer, una mujer inidentificable que podría ser todas las mujeres. Voy al sobre y allí estaba la dirección, un lugar de Córdoba, hasta con su código postal. Para seguirle el juego, le escribo una carta agradeciéndole. Al tiempo me llega mi misma carta con una nota donde el correo me informa que esa dirección y ese pueblo no existen. Pero el corredor entre los real y lo fantástico se ha establecido. Ahora, gracias a «Gentiles criaturas» sé más de Gabriela, y acaso ella sepa más de mí.
P.: ¿Cómo es que habiendo tenido un enorme éxito en teatro, sobre todo con «Venecia», se pasó con tanta intensidad a la novelística?
J.A.: Me interesa explorar en distintas formas. Escribo teatro, cuento, poesía, novela según el estado de ánimo, no forzado por haber tenido éxito en alguno de los géneros. Que, por otra parte, el éxito siempre es bastante relativo. A mí lo que me atrae más que nada es satisfacer mi curiosidad. Me gusta explorar historias, vidas, desde distintas perspectivas, y los géneros son una perspectiva desde donde uno se posiciona para ver las cosas de una manera o de otra. Cuando estoy con alguna idea, o con deseos de escribir, lo primero que hago es tratar de mirar desde dónde funcionaría mejor esa historia o esa idea. A veces tengo la imagen de una casa con varias habitaciones contiguas. Me imagino dando vueltas por esa casa, y viendo desde qué habitación me gustaría contar lo que allí pasa, desde la habitación del teatro, desde la de la novela, de la poesía o del cuento. Y en el inicio, tengo por lo general bastantes dudas. Cada historia puede ser contada de distinta manera, de diversos puntos de vista, y eso hace que muchas veces, por ejemplo con «Segovia o de la poesía», que inicialmente fue una novela, después me interesó verla desde la perspectiva de una obra dramática. Me pasa que lo que he convertido en un cuento después me interesa verlo como una historia más larga o como una obra teatral. Por ejemplo, ahora comencé a trabajar en una obra teatral que va a estar basada en un cuento que escribí hace tiempo en el libro «Cumbia».
Entrevista de Máximo Soto


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