Acción y elogio de la familia y la amistad

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«La era del hielo 3» (Ice Age: Dawn of the Dinosaurs, EE.UU., 2009, dobl. al español). Dir.: C. Saldanha, M. Thurmeier. Dibujos animados.

Los mamuts esperan un hijo. El tigre anda de capa caída (es un decir, porque ya sabemos que no tiene capa). Y el perezoso Sid, alejado de la pareja, inoportuno como siempre, mete a todos en problemas por un raro antojo de ser padre, o madre, no importa, para lo cual no tiene mejor idea que apoderarse de tres huevos enormes de quién sabe qué bicho.

Los huevos resultan ser de tiranosaurio, cosa extrañísima, porque supuestamente los grandes saurios se extinguieron 75 millones de años antes de la llegada de los mamuts y demás mamíferos, pero no importa, el asunto es que los bichitos adoptan a Sid como madre, y la verdadera madre aparece de muy mal humor. Pero ella es una malva, comparada con las enormes plantas carnívoras (escena inquietante), las bandadas de pterodáctilos, la jauría de dragones coronados, el río de lava que corre hacia el abismo, y demás incomodidades que nuestros amigos encuentran en una suerte de mundo perdido a la Conan Doyle, un vergel maravilloso pero ultra peligroso que se ha mantenido bajo la tierra helada. ¿Y para qué se metieron ahí? Para rescatar al perezoso, por supuesto.

Elogio de la amistad, la familia, y la manada disfuncional, «La era del hielo 3» está llena de acción, carreras, caídas, salvatajes a último momento, afecto y buen humor, con apenas un par de chistes ordinarios. Tiene, además, dos nuevos personajes, ambos de mucho interés. Uno es Buck, suerte de mustélido ansioso de adrenalina, superaventurero presumido con facha de Errol Flynn, que usa una herramienta, una daga hecha del colmillo de su monstruoso archi rival, con el que ama enfrentarse. Como si fuera un Peter Pan del Mesozoico, Buck cuidará de nuestros amigos, los ayudará, a riesgo de su vida, y, llegado el momento de elegir, se quedará para siempre, con todo gusto, en su tierra del Nunca Jamás.

La otra criatura es Scatty, de la misma especie de Scatt, pero fina, desenvuelta, de suave pelaje, una femme fatale que rápidamente enamora al infeliz, lo hace bailar uno de esos tangos de perfil invento de Valentino, y lo domina por completo, amargándole del todo su amarga vida, suerte de chiste misógino típico de las viejas comedias hollywoodenses, y que aquí se da en contraposición a la figura de la mamut gordita, comprensiva, compañera, bien pata, como que tiene cuatro patas tremendas y peludas, pero qué mujer.

En fin, entretiene, se disfruta sin mayor encanto pero sin molestias, se lo desaconseja para menores de seis años (el primer tercio les parecerá muy hablado y lo demás muy confuso), se apronta un billete para comprar un mamucito de peluche a la salida (seguro que alguien va a hacerlo), y se aprecia el buen uso del 3D para dar sensación de relieve y profundidad, un diseño que también permite disfrutar de la película a quienes sólo pueden verla en 2D, sin sentir que pierden demasiado. Tampoco se pierde con el doblaje: la voz de Manny en castellano realmente parece de mamut, mientras la voz original en inglés no da ni para percherón.

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