Puede que sea algo pasajero, puede que sea permanente, lo cierto es que en las últimas ruedas la relación que veníamos viendo entre la suba/baja del dólar, los commodities, las acciones y en menor medida el costo del dinero, parece haber menguado. Es posible que esto tenga que ver con el cierre de posiciones de fin de año, pero también que se deba a algo más fundamental. Cuando decimos que el mercado se alimenta de malas noticias lo que significamos en definitiva es que cualquier cosa que haga pensar que las tasas seguirían en torno al 0% y/o que la Fed no comenzaría a esterilizar el dinero que inyectó en el último año, servía para tranquilizar a una parte importante del mercado que viene manteniendo posiciones muy apalancadas en commodities, acciones y bonos y que fue el principal motor de la suba iniciada en marzo (ergo, las malas noticias disparan subas). Nadie duda que en algún momento la Fed comenzará a (primero) esterilizar la economía y (segundo) subir sus tasas de referencia; pero se supone que esto sólo ocurriría cuando existiese suficiente certeza (un cúmulo buenas noticias) que la economía ha emprendido un camino expansivo (ergo, las buenas noticias disparan bajas). Lo que cambió en estos días es el pedido de prórroga de la emergencia económica (mejor dicho, el programa de rescate financiero y los paquetes de estímulo), que de alguna manera refleja la idea que ni Bernanke ni Obama creen realmente que las cosas mejoren mucho de aquí a octubre del año que viene. Gracias a esto la razonabilidad económica (buenas noticias subas, y malas, bajas) puede poner un pie. Los anuncios que el número de pedidos de seguro de desempleo (el promedio mensual y los pedidos continuos) bajó y que el déficit comercial se redujo en octubre sirvieron para apuntalar al dólar, deprimir los commodities e impulsar un 0,67% al Dow que cerró en 10.405,83 puntos. El volumen sigue magro.
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