18 de diciembre 2009 - 00:00

Acechanzas en un Congreso liberado de hegemonías

Julio Cobos, Ernesto Sanz, Rubén Giustiniani y Carlos Reutemann, figuras clave de una Cámara de Senadores que desde el año próximo estará marcada por una fuerte paridad.
Julio Cobos, Ernesto Sanz, Rubén Giustiniani y Carlos Reutemann, figuras clave de una Cámara de Senadores que desde el año próximo estará marcada por una fuerte paridad.
El nuevo año le trae al Gobierno un panorama en el Congreso al que deberá acostumbrarse si no quiere terminar precipitando un armado opositor que le condicione definitivamente la vida hasta 2011. Las situaciones en el Senado y en Diputados no son iguales. Mientras los senadores quedaron tras las elecciones de junio en una paridad en la que el desempate de casi todas las leyes complicadas quedará en manos de Julio Cobos o algunos peronistas disidentes, como el pampeano Carlos Verna, en Diputados la obediencia automática se terminó. No sólo por el avance opositor que consiguió controlar la mayoría de las comisiones y cargos, sino también por las presiones internas en el kirchnerismo. Allí será clave el alineamiento futuro de la izquierda y el centroizquierda.

En el panorama de 2010 habrá, sin duda, paisajes diferentes a los vistos hasta ahora. Y no necesariamente porque el Gobierno de Cristina de Kirchner quede bloqueado para conseguir la aprobación de cualquier ley que envíe al Congreso. La realidad indica que el debate no será por paquetes de leyes que la Casa Rosada pida y las cámaras aprueben sin chistar.

Por el contrario, desde ahora habrá discusiones pero la aprobación dependerá de los acuerdos que el kirchnerismo vaya cerrando en cada tema. Ese será el principal escollo para el oficialismo, pero estará lejos de consagrar una mayoría automática a la oposición. Esa realidad ya la reconoció hasta el propio presidente del bloque oficialista, Agustín Rossi, que en los últimos días del año aclaró: «Las mayorías se construirán en función de la temática de que se trate, de la ley de que se trate». Por si quedaban dudas le contestó inmediatamente Elisa Carrió: «Hoy lo importante son los acuerdos parlamentarios», intentando al mismo tiempo postergar una crisis anunciada en su grupo opositor para cuando llegue el momento de definir candidaturas presidenciales.

RESULTADO

Ese es quizás el saldo más importante que dejó el acuerdo opositor que logró arrancarle al kirchnerismo el control de la Cámara de Diputados en la sesión preparatode diciembre.

Pero ese equilibrio de poder está lejos de ser estable.

Ninguno de los actores de ese triunfo sobre el oficialismo que consagró en comisiones, bancas y vicepresidencias el resultado de las elecciones del 28 de junio, tiene su suerte garantizada. En 2010 el radicalismo, la Coalición Cívica y el PRO deberán demostrar que pueden armar una agenda consensuada que seduzca a la izquierda y al centroizquierda, que fueron clave en el primer triunfo opositor de la era Kirchner, si se deja de lado la excepción que significó el rechazo, sólo en el Senado, a la Resolución 125.

Será difícil, de lo contrario, conseguir que diputados como Miguel Bonasso, que vive reprochándole al kirchnerismo la traición tras sus años de lealtad al matrimonio, vuelvan a votar junto al macrismo o al peronismo disidente, a los que siempre rechazaron.

Esos milagros se viven sólo una vez y reeditarlo ahora dependerá de la muñeca política de los opositores.

Pero no es imposible y ahí radica el principal miedo del kirchnerismo. El Gobierno acumuló, sobre todo en el último año, rencores de todo tipo en la oposición y también en quienes habían sido sus aliados, sobre todo en el recinto de Diputados.

Y muchas de esas broncas arrancaron cuando el Gobierno decidió hacerse de la agenda opositora para avanzar en temas cruciales, en medio de su debilidad política. Así pasaron por el Congreso la estatización de Aerolíneas Argentinas, de las AFJP y la Ley de Medios Audiovisuales. Todos esos proyectos habían sido reclamos de la oposición, en general del radicalismo y la Coalición Cívica, ya que en muchos de esos puntos no hay acuerdo con el macrismo. Desde que Domingo Cavallo privatizó el sistema de jubilaciones los radicales reclamaron volver al sistema de reparto; lo mismo sucedió con la aerolínea de bandera y la ley de medios de los Kirchner es, en muchos puntos, una copia de los proyectos que se presentaron en el Gobierno de Fernando de la Rúa y de los que dieron vuelta por el Congreso de manos de la oposición en los últimos años.

Rompió así el Gobierno la moral interna de todos esos partidos al arrancarles las ideas básicas de cada una de esas leyes para llevarlas luego a los recintos sin aceptar discutir sobre los detalles.

Por el contrario, los cambios que introdujo el kirchnerismo fueron al sólo efecto de garantizarse aliados mínimos, como el del bloque Solidaridad e Igualdad o de la izquierda, para imponerse en las votaciones. A eso difícilmente pueda llamárselo diálogo.

Lo mismo hizo con la Reforma Política, pero con un agravante: por aprobar esa ley a las apuradas para que Néstor Kirchner pudiera garantizarse el control del PJ hasta llegar a las elecciones de 2011, el Gobierno rompió acuerdos con los partidos más chicos que siempre lo habían apoyado en las votaciones más difíciles. Fueron los mismos que se lo cobraron el 3 de diciembre, ayudando a los otros bloques opositores a quitarle al oficialismo el control de Diputados.