En el Mercado local nadie quiere hablar del tema, pero la verdad es que los activos financieros argentinas hoy son "tóxicos" para la mayoría de los inversores extranjeros (el consuelo es que lo que es tóxico para uno puede ser un "Golden Egg" para otro). En lo que va del año, según MSCI (responsable de la decisión sobre si el país pasa de fronterizo a emergente o no) las acciones más representativas de Argentina han retrocedido 21,45% en dólares, sólo superadas entre las 78 plazas que sigue la agencia por el derrumbe de las turcas (-21,95%) y las de las islas Mauricio (-21,99%). Por el lado de la tasa, entre la veintena de países que analiza la gente del JP Morgan la caída de los bonos soberanos impulsó el EMBI+ (tasa de riesgo-país) local 103 puntos, sólo superada por los 255 de Ecuador (Ucrania, Ecuador y Venezuela son los únicos países con un crédito inferior al nacional). El peso, mientras tanto, pierde poco más de 17%, coronándose entre las 53 monedas más relevantes del globo como la más desvalorizada frente al dólar (le sigue de cerca el rial Iraní). Ni siquiera Rusia, que el 6 de abril fue objeto de una serie de sanciones sin precedentes por el Tesoro de los EE.UU. (que afectan y sacan del escenario internacional a los hombres más ricos del país, sus empresas y cualquiera que negocie con ellos -esto afecta incluso a Euroclear-) ha sido tan castigada. No es el objeto de este comentario explicar el porqué de un descrédito que va más allá de la propia dinámica del mercado (no estamos ante eventos sobrerreactivos), sino llamar la atención a un fenómeno que debería preocuparnos a todos: alguien no está haciendo las cosas bien.
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