“Actuar me da mucho miedo”

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Cristina Banegas comparte un café macchiato con Viernes en el bar del Teatro Picadero. Mientras se maquilla, comenta una escena en la que su personaje y el que interpreta María Onetto juegan una especie de batalla de egos y sentimientos sentadas al piano. Faltan tres horas para una nueva función de “Sonata de Otoño”, una puesta teatral a la que la actriz considera “más emocional que la película” de Ingmar Bergman.

V: El año pasado cumplió 45 años como actriz. ¿Cuál fue su motivación para acercarse al teatro y cuál es su motivación hoy?

Cristina Banegas:
Soy hija de dos personas que fueron pioneras en la televisión argentina. Mi madre, Nelly Prince, actuó en teatro y en cine; mi padre, Oscar Banegas, era productor de televisión. Pasé más horas de mi infancia en Canal 7 que en mi casa. Después me puse de novia y me casé con un actor (Alberto Fernández de Rosa), muy jóvenes los dos. Estaba un poco condicionada. En esa época, escribía un programa en televisión española que producía mi padre, trabajaba como guionista. Me gusta mucho dirigir, dar clases, cantar tango, pero las cosas más importantes las hice desde la actuación. Me da mucho miedo actuar. El famoso pánico escénico. Es algo que tuve siempre pero con los años se ha ido marcando más. Una sensación de mucho vértigo, mucha taquicardia. En las primeras funciones me pasa estar temblando de miedo. Siempre me ha tocado hacer personajes difíciles y eso implica un compromiso enorme. Y también tiene que ver sobre cómo ponemos la carne en la parrilla cuando salimos a actuar, cómo hacemos de la actuación una ofrenda, desde un lugar que intenta ser generoso y auténtico, de estar presente ahí. Eso es siempre más complicado que la simulación.

V.: ¿Le parece que el teatro tiene una función social específica en este momento del país?

C.B.:
Hay muchos teatros. La función social del teatro es algo muy relativo en lo que sería un teatro pedagógico, ideológico y político. No son tiempos en los que esas estéticas estén circulando. El teatro está pasando por otros momentos. Hay muchos teatros posibles, dentro de ellos el teatro comunitario, los que trabajan con grupos en situaciones de riesgo. Estuve yendo un año a la unidad penitenciaria 48, donde la UNSAM organiza la universidad dentro de la cárcel. Todos los viernes fui a dar clases. El trabajo lo hice con Gabi Saidón, que es una actriz muy interesante, y un expreso es alumno de Gabi en un taller del Excéntrico. Quedó marcado como actor.

V.: En "Sonata de Otoño" puede verse la imposibilidad de generar vínculos de afecto, la necesidad de ser amado y la dificultad para ver al otro. ¿Cuál es su visión sobre lo que cuenta la obra?

C.B.:
Efectivamente, habla de la imposibilidad de amar, de la imposibilidad de dar y recibir, de las diferentes morales. Esa hija y esa madre tienen morales muy diferentes. La hija tiene una moral mucho más conservadora que la madre, quien piensa que si le dice a su marido que se enamoró de otro, no lo está traicionando, que cree que el aborto era la mejor solución para su hija. Es una artista con una moral más liberal que su hija, que es la esposa de un pastor protestante. Hay que pensar en Suecia, en Noruega, con morales tan luteranas, tan represoras. Hay un reclamo de esa hija, que es un reclamo imposible, a una madre que es un fantasma, alguien que está adentro de su cabeza. No es una obra que se pueda hacer sin involucrarse emocionalmente, no sucederían las cosas que suceden en esa noche que esa madre y esa hija se dicen cosas que nunca se dijeron. Para nosotras, es un gran desafío actoral, de riesgo.

V.: También se cumplieron 25 años de la fundación del Excéntrico de la 18 y sigue siendo un lugar de referencia para la formación de actores. ¿Cómo surgió la idea y cuál es la filosofía del lugar?

C.B.:
El Excéntrico tuvo una presencia emblemática, que fue la de Alberto Ure, una especie de padrino, y quien dirigió las primeras obras que se hicieron allí, que fueron "El Padre de Strindberg" y "Antígona", de Sófocles. En aquel momento de Buenos Aires, el Excéntrico fue pionero como modelo de funcionamiento como club de cultura. Había dos o tres lugares, hoy hay trescientos. Se trabajan las estructuras pedagógicas pero también funcionan como salas teatrales. Ure creó una técnica de improvisación muy interesante, con la que seguimos trabajando, y trabajamos otras técnicas. Tratamos de que el trabajo en los talleres sea muy integral en cuanto a la construcción de la máquina teatral, dónde se pueda trabajar no sólo la actuación sino la construcción estética, la dramaturgia del actor, las imágenes corporales, de la construcción del espacio escénico, las atmósferas, de la luz. Vivimos en un país en el que las industrias culturales no están tan desarrolladas, de modo que es importante que la formación brinde la posibilidad de autogestionarse y armar cooperativas de trabajo. Es una formación muy diferente a la de, por ejemplo, EE.UU., donde salís a un mercado a hacer castings y con lo que ganás en una película podés vivir un año. De cualquier manera, el movimiento de teatro de Buenos Aires es extraordinario, único. Nos valoran muchísimo, tenemos muy buen teatro.

V.: ¿Qué actores y directores le interesan del teatro argentino actual?

C.B.:
Me gusta alguna gente que trabaja en el off, como Sergio Boris, que tiene un espectáculo interesante, "Viejo, sólo y puto". Él como actor es muy interesante, ha hecho mucho cine, ha trabajado con Bartís. Hay gente de diferentes generaciones que están apareciendo con sus propios trabajos y dramaturgias.

V.: ¿Qué reflexión le merece la denuncia de que algunos actores expresan su apoyo político al Gobierno a cambio de subsidios y negocios?

C.B.:
No me enteré de la denuncia.

V.: Puntualmente, de Jorge Lanata sobre los subsidios para la producción audiovisual y cultural.

C.B.:
No me interesa contestarle a Lanata. Es una persona con la que no tengo ningún diálogo posible.

V.: Cómo ve las políticas culturales a nivel nacional y en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires.

C.B.:
La relación del Gobierno de la Ciudad con la cultura me parece mucho más conflictiva. Ayer estuve grabando en el San Martín y el estado de destrucción y abandono en el que está el teatro es desolador. He trabajado allí, fui desde mi adolescencia y es un teatro extraordinario. Estoy muy alarmada por la situación en la que está, de vaciamiento. No sé cuál es el proyecto. En cuanto a Nación, me parece que es más complejo. En el país hay diferentes focos culturales que tienen movidas propias. A partir de la creación del Instituto Nacional del Teatro, creo que ha habido movimiento en todas las provincias, construcción de teatros y salas, grupos subvencionados. Cuando yo empecé con el Excéntrico, no existía la ley del teatro, ni Proteatro. Más allá de las críticas, podemos sentarnos a pensar qué es un proyecto cultural. Estoy muy conforme con lo que está pasando en la Biblioteca Nacional, con la gestión de Horacio González y María Pía López en el Museo del Libro. Me parece que hay gente interesante, inteligente, y abierta a la comunidad, y que nos corre un poco de esa idea, bastante absoluta, de que el único proyecto cultural son megaeventos, en megaavenidas, con megaestrellas, que cobran megacachets; y que eso es cultura. No digo que esté mal que haya espectáculos gratuitos, pero está muy lejos de ser un proyecto cultural.

V: ¿Piensa que los organismos de Derechos Humanos deben manifestar apoyo político explícito?

C.B:
Cada organismo tiene su política y su posición. Están claras las diferencias; todas las posiciones son respetables. Creo que en la medida que este Gobierno desarrolló una política de Estado de los derechos humanos, es casi imposible no apoyar esa política, porque sería ir en contra de los propios principios de los organismos. Es un momento inédito en el simbólico de nuestro país, donde los genocidas están el lugar donde tienen que estar, que es en la cárcel y no en la calle.

V: Qué significas para usted el reconocimiento del público, pero también el de instituciones como la Legislatura porteña, o de la industria televisiva que le otorgó el premio EMMY?

C.B:
Significa una enorme alegría. No he hecho un camino fácil en mi carrera. He sido una persona muy rigurosa en sus elecciones. Me puedo haber equivocado muchas veces, como corresponde a los seres humanos. Pero he tratado de ser coherente con lo que he sentido que quería en cada momento hacer, y por qué y para qué hacerlo. Y realmente, hice lo que quise. De modo que a los 65 años me empiece a venir algo de reconocimiento o premios, la verdad, es que es muy bueno.

@CMVeronelli



BIO



Buenos Aires, 26 de febrero de 1948



Estudios: Cangallo Schulle (primaria), Liceo 1 (secundaria).



Trabajo: Dicta clases de actuación en el Excéntrico de la 18, protagoniza Sonata de Otoño (Teatro Picadero, miércoles y sábados a las 20, jueves y viernes a las 22, domingos a las 19) y está rodando la miniserie Rioplatensas para Canal á.



Está leyendo: Linterna mágica, de Ingmar Bergman.



Rutina informativa: Noticiero de Canal 7 a la mañana y C5N, Página/12 todos los días y La Nación los domingos.

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