4 de enero 2010 - 00:00

Acuerdo militar contra el nuevo plan de Bin Laden

Umar Faruk Abdulmutalab
Umar Faruk Abdulmutalab
Saná y Washington - En Saná, la capital de Yemen, es palpable el nerviosismo. La activa célula terrorista de Al Qaeda en ese país árabe motivó versiones de que podría abrirse allí otro frente bélico para la Casa Blanca, aunque por ahora prevalece el trabajo conjunto con el presidente yemení Alí Abulá Salih.

La visita sorpresiva a Saná del general David Petraeus, el comandante militar estadounidense en Cercano Oriente y Asia Central, fue calificada ayer como «muy productiva» por fuentes del Gobierno de Barack Obama.

En ese marco, John Brennan, asesor de Seguridad Nacional y Contraterrorismo del Gobierno estadounidense, hizo saber ayer que la Casa Blanca tiene «indicios de que Al Qaeda está planeando un ataque contra un objetivo en Saná. El funcionario aclaró también que el Pentágono no abrirá en lo inmediato un frente bélico, pero quedó claro que monitoreará la situación de cerca. «El Gobierno yemení dio a conocer su disposición a combatir a Al Qaeda. Ellos están dispuestos a aceptar nuestra ayuda y nosotros les daremos lo que solicitaron». En esa línea, el Gobierno británico anunció ayer que junto con la Casa Blanca financiará una unidad especial antiterrorista del Gobierno yemení.

Yemen ya estaba en el foco del Pentágono y el Departamento de Estado desde hace meses, pero todo recrudeció cuando el nigeriano Umar Faruk Abdulmutalab estuvo a punto de activar un explosivo en un vuelo que se dirigía desde Amsterdam a Detroit el pasado 25 de diciembre. Abdulmutalab fue instruido en territorio yemení y, de hecho, el sello de Al Qaeda en la Península Arábiga, que surgió hace un año de las ramas yemení y saudita de la red de Osama bin Laden, reivindicó el intento de atentado.

El jefe del brazo arábigo de Al Qaeda, Naser al Wahishi, fue secretario de Bin Laden y combatió con él en Afganistán, tras lo cual fue apresado en una cárcel de Saná, de la que escapó junto a otros 22 sospechosos.

Su número dos, el saudita Said Ali al Shihri, pasó seis años en Guantánamo y luego fue sometido a un programa para arrepentidos, que evidentemente no dio los frutos esperados. A su vez, el imán del grupo, Anwar al Aulaqui, supone una piedra en el zapato para los norteamericanos: nació en Estados Unidos, regresó a sus raíces árabes y se convirtió en un clérigo fanático.

Al parecer, tuvo un intercambio de mails con el mayor estadounidense Nidal Malik Hasan, que en noviembre mató a 13 soldados en una base militar estadounidense en Fort Hood. Y se cree que también dio consejo espiritual al nigeriano Abdulmutalab antes del acto terrorista. Brennan confirmó ayer a cadenas de TV norteamericanas que Al Aulaqui estaría relacionado a ambos episodios.

Aunque Yemen no es «puerto seguro para terroristas», según aseguró el jefe de los servicios secretos, Al Anisi, hasta los atentados del 11 de setiembre de 2001, los extremistas islamistas entraron y salieron libremente del país árabe. Después de aquel ataque, el presidente Salih, que desde hace 20 años dirige el país destruido por la pobreza y la violencia, tomó la decisión estratégica de ponerse al lado de Estados Unidos. Sin embargo, el aparato de poder del presidente se ha visto infiltrado por simpatizantes de los islamistas: la espectacular fuga de la prisión de Al Wahishi y de otros 22 compañeros de combate en febrero de 2006 no habría sido posible sin la ayuda del servicio secreto.

Agencias DPA, ANSA, Reuters y EFE