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“Adelantar las elecciones sirve para atemperar el clima político”
Para la diputada nacional Claudia Bernazza (FpV, Buenos Aires), el adelantamiento de las elecciones busca «atemperar climas». En cuanto a la inseguridad, cree que la disyuntiva garantismo-mano dura es inconducente. En cambio, integra una familia sustituta que alberga a seis menores en riesgo y sostiene que así se contribuye «mucho más a la seguridad ciudadana». Pidió, además, la guarda de un menor sospechado de participar en un homicidio.
Claudia Alicia Bernazza
Claudia Bernazza: Respetamos la decisión del Gobierno, de cuál es a su juicio el mejor momento para las elecciones, teniendo en cuenta un clima social, político y económico. Es una herramienta que necesita quien gobierna para atemperar climas. Todos quisiéramos que se respeten los tiempos, pero también que los temas de agenda no sean utilizados con fines electorales, como está sucediendo. Muchos problemas sectoriales tienen un tratamiento que esconde intención electoral. Mejor sincerarla.
P.: Ese «clima» ¿podía implicar pérdida de gobernabilidad?
C.B.: Se entendió que se preservaba mucho más la gobernabilidad si, en vez de sostener hasta octubre discursos de tono beligerante, se ponía a todo el mundo en la necesidad de presentar programas y candidatos.
P.: ¿No se eluden así temas como el conflicto agropecuario o la inseguridad?
C.B.: Seguramente una desventaja de esta decisión es que se pueda creer eso. A mi juicio se están sincerando los temas. Se le está dando al tema electoral un cauce diferenciado del de la mesa de diálogo con el campo.
P.: La inseguridad ¿es solamente un problema de un sector?
C.B.: Es una falacia enfrentar garantismo con mano dura. Los que estamos preocupados por el estado de derecho también queremos un estado de seguridad. Pero la inseguridad tiene muchas causas: un modelo de desarrollo, la pérdida de valores, grupos que han decidido vivir al margen de la ley, etc. Hay que tener respuestas múltiples, algunas referidas a la violencia intrafamiliar, otras a los delitos contra la propiedad y otras para integrar, especialmente a niños y jóvenes, a una sociedad que les dé la bienvenida como personas valiosas. Nadie puede estar en desacuerdo con sancionar a quien delinque, pero hay que preocuparse también por las condiciones económicas y sociales para la convivencia.
P.: ¿Con el crecimiento no debería bajar el delito?
C.B.: Crecimiento no es lo mismo que desarrollo. Cuando hay familias que por generaciones han estado excluidas, la agenda de inclusión social pendiente es muy amplia. Hemos aprobado leyes estructurales que apuntan a un Estado más fuerte, más presente, pero lleva mucho tiempo recomponer el tejido social e institucional de un país. También faltan cambios culturales. En horarios centrales de televisión se difunden sólo conflictos entre vedettes y la incitación permanente al consumo promueve una sociedad que se ocupa más del tener que del ser. Los estándares de vida que esa sociedad les propone a los chicos todavía son muy altos para los sectores más pobres.
P.: ¿Por qué pidió la guarda de Brian, el menor sospechado de participar en el asesinato del ingeniero Ricardo Barrenechea (San Isidro, octubre 2008)?
C.B.: Quise expresarles al juez y a la comunidad que, para los chicos de entre 14 y 16 años en conflicto con la ley, lo mejor es que haya grupos de la comunidad que los contengan y acompañen, aun para asumir su responsabilidad. El juez decidió mandar a Brian a un instituto de alta seguridad. Apelaré, como legisladora nacional preocupada por la falta de consideración por parte del sistema judicial de lo que en la Ley de Protección de los Derechos del Niño se conoce como medidas alternativas: familias sustitutas, centros juveniles, padrinazgo. Por experiencia sé que las familias sustitutas podemos hacer mucho más por la seguridad ciudadana que
los que piden mano dura con los pibes.
P.: ¿Ese sistema debería reemplazar a los institutos?
C.B.: Pero, para la cultura judicial prevaleciente, el instituto sigue siendo, no el último recurso, sino el primero. Y muchas veces los institutos refuerzan el cuadro delictivo; allí el chico, además de sufrir vejámenes, se especializa en el delito. El encierro no lo va a recuperar. Para que un chico salga de una situación de riesgo debe haber un adulto que se comprometa con él.
P: ¿Y por qué no se tiene más en cuenta a las familias sustitutas?
C.B.: Hay un gran desconocimiento por parte de los poderes públicos cuando, ante una sociedad que pide respuestas, lo primero es bajar la edad de imputabilidad o encerrar a los menores. En la Argentina hay una cantidad de redes sociales, muy invisibles, que han tenido éxito con estos chicos. Pero los poderes públicos no las reconocen y por lo tanto no las fortalecen.


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