3 de mayo 2017 - 00:00

Adiós a Abelardo Castillo, maestro de escritores

Fue autor de obras de narrativa, ensayo, teatro y fundador de revistas literarias como “El escarabajo de oro” y “El ornitorrinco”.

Legado. Dictó durante los últimos 40 años, siempre en el living de su casa, el taller literario más importante de Buenos Aires.
Legado. Dictó durante los últimos 40 años, siempre en el living de su casa, el taller literario más importante de Buenos Aires.
Abelardo Castillo, uno de los escritores más relevantes de la literatura argentina del siglo XX, que abordó todos los géneros literarios y dejó la huella de su compromiso social y político en revistas como "El escarabajo de oro", "El ornitorrinco" y "El grillo de papel", murió anteanoche a los 82 años de una infección postoperatoria en Buenos Aires.

Maestro de escritores y gran cuentista (digno sucesor de la dinastía Arlt, Borges y Cortázar), pero también autor de novelas como "El que tiene sed" y "Crónica de un iniciado" y de obras de teatro como "Israfel", fue un autor fundamental que consideraba que el escritor es, ante todo, "un inmoderado por naturaleza, un rebelde".

Castillo nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1935, pero a los 11 años se mudó con su familia a San Pedro, para él su "lugar afectivo" y donde vivió hasta los diecisiete años. En 1952 regresó a Buenos Aires.

Castillo descubrió en San Pedro y muy tempranamente su vocación de escritor, y obtuvo reconocimientos tempranos al obtener a los 24 años el primer premio del concurso de la revista "Vea y Lea", cuyos jurados fueron Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Manuel Peyrou.

La crueldad, el desafío, la competencia, la traición y la culpa típicas de la adolescencia son marcas recurrentes en sus cuentos, que comenzó a escribir en 1961 y reunió bajo los títulos "Las otras puertas", "Cuentos crueles", "Las panteras y el templo" y "El espejo que tiembla", entre otros.

"Siempre me han subyugado los tipos extremos, hablando estrictamente de la literatura. Pienso que a través de un personaje extremo, de una situación límite, uno encuentra una gran libertad para expresar lo que no piensa. Haciendo hablar a un tipo de personaje límite incluso se puede decir hasta lo que no se piensa, aquello que está en contra de las propias ideas", dijo Castillo en una entrevista.

Otro tópico que aparecerá tanto en su obra de teatro "Israfel" (basada en la biografía de Edgar Allan Poe) como en el cuento "El cruce del Aqueronte", y sobre todo en la novela "El que tiene sed", será el alcoholismo, una adicción que lo aquejó muchos años de su vida y de la que logró recuperarse.

"Durante años tomé mucho y en forma bastante consecuente como para saber, desde mí, qué es el alcoholismo como locura o como impulso de muerte. Hace ocho o nueve años que no tomo una gota, pero he tomado en cantidad suficiente como para ahogar una ciudad más o menos del tamaño de San Pedro", confesó en un reportaje.

Su sólido compromiso con la realidad y la política, característico de la generación del 60, lo llevó a crear junto a otros escritores las revistas literarias "El grillo de papel" (1959-1960) que fue prohibida en 1960 por el Gobierno de Arturo Frondizi; "El Escarabajo de oro" (1961-1974), considerada como la más prestigiosa publicación literaria de la década; y "El Ornitorrinco" (1977-1986). Esta última, que publicó junto a Liliana Heker y Sylvia Iparraguirre -quien fue su esposa y lo acompañó hasta sus últimos días- fue considerada una de las más importantes de la resistencia cultural contra la dictadura del ´76.

Castillo fue amante de deportes como el boxeo, el remo, el ping pong, el ajedrez (que practicó como un maestro) y el tenis. "Como terapia me quedo con el ajedrez: es el juego más hermoso y desalienante que existe", dijo en una entrevista. También fue un atento lector de la filosofía occidental, sobre todo de Sartre, Schopenhauer y Nietzsche, que lo forjaron en sus convicciones y en el desarrollo de una moral y una ética personales: hasta sus detractores reconocían en él a un ser humano incorruptible y un intelectual comprometido con el bien común.

Castillo dictó durante los últimos cuarenta años, siempre en el living de su casa, el que tal vez fuera el más importante taller literario de Buenos Aires, por el que han pasado generaciones de cuentistas. En el primer volumen de sus "Diarios", obra que publicó en 2014, se refiere a la temprana decisión de convertirse en escritor y también hechos que marcaron su vida: la separación de sus padres, la decisión de regresar a Buenos Aires y la elección de la literatura como parte de su "destino" . El segundo volumen de sus diarios aparecerá este año.

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