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Adiós a Abelardo Castillo, maestro de escritores
Fue autor de obras de narrativa, ensayo, teatro y fundador de revistas literarias como “El escarabajo de oro” y “El ornitorrinco”.
Legado. Dictó durante los últimos 40 años, siempre en el living de su casa, el taller literario más importante de Buenos Aires.
Otro tópico que aparecerá tanto en su obra de teatro "Israfel" (basada en la biografía de Edgar Allan Poe) como en el cuento "El cruce del Aqueronte", y sobre todo en la novela "El que tiene sed", será el alcoholismo, una adicción que lo aquejó muchos años de su vida y de la que logró recuperarse.
"Durante años tomé mucho y en forma bastante consecuente como para saber, desde mí, qué es el alcoholismo como locura o como impulso de muerte. Hace ocho o nueve años que no tomo una gota, pero he tomado en cantidad suficiente como para ahogar una ciudad más o menos del tamaño de San Pedro", confesó en un reportaje.
Su sólido compromiso con la realidad y la política, característico de la generación del 60, lo llevó a crear junto a otros escritores las revistas literarias "El grillo de papel" (1959-1960) que fue prohibida en 1960 por el Gobierno de Arturo Frondizi; "El Escarabajo de oro" (1961-1974), considerada como la más prestigiosa publicación literaria de la década; y "El Ornitorrinco" (1977-1986). Esta última, que publicó junto a Liliana Heker y Sylvia Iparraguirre -quien fue su esposa y lo acompañó hasta sus últimos días- fue considerada una de las más importantes de la resistencia cultural contra la dictadura del ´76.
Castillo fue amante de deportes como el boxeo, el remo, el ping pong, el ajedrez (que practicó como un maestro) y el tenis. "Como terapia me quedo con el ajedrez: es el juego más hermoso y desalienante que existe", dijo en una entrevista. También fue un atento lector de la filosofía occidental, sobre todo de Sartre, Schopenhauer y Nietzsche, que lo forjaron en sus convicciones y en el desarrollo de una moral y una ética personales: hasta sus detractores reconocían en él a un ser humano incorruptible y un intelectual comprometido con el bien común.
Castillo dictó durante los últimos cuarenta años, siempre en el living de su casa, el que tal vez fuera el más importante taller literario de Buenos Aires, por el que han pasado generaciones de cuentistas. En el primer volumen de sus "Diarios", obra que publicó en 2014, se refiere a la temprana decisión de convertirse en escritor y también hechos que marcaron su vida: la separación de sus padres, la decisión de regresar a Buenos Aires y la elección de la literatura como parte de su "destino" . El segundo volumen de sus diarios aparecerá este año.


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