Cientos de miles de personas acompañaron ayer los funerales del «querido líder» Kim Jong-il, en Pyongyang, en medio de una imprevista nevada. Soportando bajísimas temperaturas, la gente se alineó en la calle para darle el último adiós. Algunas mujeres se golpeaban el pecho en señal de dolor mientras los soldados inclinaban la cabeza al paso del cortejo fúnebre. Kim Jong-un, el hijo menor del dictador fallecido, acompañó el automóvil en una parte del trayecto. Según los analistas, se trató de una muestra más de que el joven afianzó su posición en los últimos días tras la muerte de su padre.
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