Adiós al gran cineasta Ermanno Olmi

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A los 86 años murió ayer en Asiago, norte de Italia, el cineasta Ermanno Olmi, director de una de las películas más notables de fines de los 70 en su país, "El árbol de los zuecos" ("L'albero degli zoccoli"), filmada entre campesinos y sin actores profesionales. Olmi fue también un destacado documentalista, cuyo registro solía fundir con la ficción. Su muerte se produce pocas semanas después de la de Vittorio Taviani, con cuyo cine se hermanó el suyo.

El de Olmi exploraba la relación entre el hombre y la naturaleza, el trabajo y la espiritualidad. El director expresó esa amalgama en obras como "El tiempo se detuvo" (1959), drama sobre un hombre y un niño atrapados por una nevada o "Il posto" (1961), que mostraba la frenética vida en la Italia industrializada. También, en "I recuperanti" (1970) y "La circostanza" (1973).

Experimentador incesante, Olmi llevó por primera vez al cine el dialecto como lengua en la citada "L'albero degli zoccoli" (1978), donde relataba la vida de los campesinos de la región de Lombardía en el siglo XIX. La música de Bach fue la banda de sonido. Este film le valió la Palma de Oro en el Festival de Cannes, entre otros muchos premios.

Olmi también abordó los grandes mitos de la tradición judeocristiana en "Cammina cammina"(1983) y "La leyenda del Santo Bebedor" (1988), protagonizada por el actor alemán Rutger Hauer, un habitual de Wim Wenders, y basada en la novela de Joseph Roth.

"Con Ermanno Olmi perdemos a un maestro del cine y a un gran ejemplo de cultura y de vida", escribió ayer el premier italiano, Paolo Gentiloni, en su Twitter.

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