Adiós al maestro: murió Garaycochea

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"Ante un mundo absurdo como éste en que vivimos, solo te quedan dos opciones: o te volvés terrorista o te hacés humorista". Dicho de otra manera, uno se vuelve neurótico o se toma las cosas con humor. Ese era el credo de Carlos Garaycochea, hombre de rostro serio, nariz algo quevediana y anteojos, que dedicó su vida a despertar sonrisas en los demás seres humanos.

Nativo de Casbas, más o menos cerca de donde pasaba la famosa e inútil Zanja de Alsina, era hijo de una maestra y de un vasco cabeza dura, cuentapropista. De ella heredó la mano para el oficio, y del padre el carácter firme que le permitió alcanzar sus metas. La crisis del 30 los trajo a la Capital. La Escuela Nacional de Bellas Artes le dio el título de profesor de dibujo y pintura. Y un libro de Saul Steimberg le inspiró cómo hacer reír con pocas líneas.

Así, durante años, dibujó en "El Gráfico" y decenas de diarios y revistas, recopiló sus chistes en "Los deportistas son una risa", "Cómo parecer culto" y otros libros, participó en programas de radio y televisión, desde "Qué sé yo", "Humor redondo" (con Basurto, Mesa y Cammarota), y "La tuerca" hasta "Desayuno", apareció en cine y teatro (memorable "Masters", con Juan Verdaguer y Mario Clavel), fundó su propia escuela de dibujo, presidió la Asociación de Dibujantes Argentinos, y recibió los homenajes de sus pares, su pueblo natal, el Senado de la Nación y la Ciudad de Buenos Aires. No hace mucho, dejó de jugar al básquet con los amigos, levantó sus últimas exposiciones como artista plástico, y ayer hizo un mal chiste. Con apenas 90 años de edad, nos dejó.

Paraná Sendrós

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