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Adiós a Hopper, el cowboy hippie que cambió a Hollywood
Dennis Hopper, en «Busco mi destino», su revolucionario debut como director, cuando Hollywood ya lo había estigmatizado dentro y fuera de la pantalla como «problemático».
Pero eso no es todo. El navajero que enfrentaba a James Dean en la célebre pelea del planetario de «Rebelde sin causa», luego se empezó a pelear detrás de la cámara con directores poco afectos al método del Actors Studio. En el western «From Hell to Texas» se negó a aceptar las indicaciones del maestro Henry Hathaway, que pacientemente repitió mas de 60 tomas de la misma escena, hasta que se cansó y despidió al joven Hopper, advirtiéndole que se olvide de volver a trabajar en Hollywood. Una década más tarde, el mismo Hathaway lo perdonó y le dio un papel junto a John Wayne y Dean Martin en «Los hijos de Katie Elder». Pero Hopper ya estaba estigmatizado como experto en delincuentes juveniles de los 50, transformado en hippie pelilargo o motoquero de los 60, en papeles que componía con total naturalidad, como por ejemplo el freak que le vende su primera dosis de LSD 25 a Peter Fonda en «The Trip» de Roger Corman, hito del cine psicodélico escrito por el ignoto actor de reparto de films B, Jack Nicholson.
Cansado él también de ser estigmatizado de chico problemático por tener el pelo largo e ir preso por consumir cannabis, Peter Fonda se unió a Hopper en un proyecto totalmente ajeno a cualquier visión del flower power y la cultura psicodélica que se hubiera esbozado hasta entonces. El nebuloso argumento sobre dos motoqueros hippies traficando cocaína para poder fumar marihuana y tomar ácido montando sus caballos metalicos desde Los Angeles a Nueva Orleans, en su camino hacia el autoconocimiento, no era fácil de digerir para ningún estudio. El aspecto y la actitud del director debutante Dennis Hopper, menos. Sin embargo con un presupuesto de 400.000 dólares, un gran director de fotografía como Laszlo Kovaks, un revolucionario soundtrack rockero y un elenco de nuevos talentos, incluyendo a Jack Nicholson, que se hizo famoso por este papel, nominado al mejor actor de reparto, «Easy Rider» (por aquí, «Busco mi destino») no sólo se convirtió en un impensable éxito de taquilla (llegó a recaudar 60 millones en tres años de exhibición internacional en cines), sino que recibió un premio a la mejor opera prima en Cannes, además de una nominación a la Palma de Oro. La película rompía la narración convencional al dejar discurrir las imágenes -algunas totalmente alucinógenas- apoyadas por temas de rock preexistentes de artistas como Steppenwolf, Jimi Hendrix, The Byrds o Electric Prunes utilizados de un modo inédito en la historia del cine.
Para entender su importancia histórica y su influencia est+ética en el cine norteamericano de fines de los 60 y comienzos de los 70, basta señalar el título del famoso libro de Peter Biskind sobre el asunto «Easy Riders, Raging Bulls: How the Sex, Drugs and Rock N Roll Generation Saved Hollywood».
Novio de de Natalie Wood, marido de la bella Michelle Philips de The Mammas & the Pappas, basta con «Easy Rider» para considerar a Hopper un auténtico cineasta revolucionario, de influencia notable en la industria, el lenguaje del cine, y la cultura pop de fines del siglo pasado.
También hizo otras películas formidables, como «Zona caliente», (1990), semiclasico del film noir moderno. También hizo desastres legendarios como el western de cine dentro del cine filmado en Perú, con Peter Fonda, Sam Fuller, y canciones de Chabuca Granda, «The Last Movie» (Chinchero, 1971) cuyo título original casi se vuelve profético para su carrera
En todo caso, si en algún momento al rebelde Hopper lo discriminaban por «raro» o inadaptado, en sus últimos años, el fenómeno se invirtió: «Soy republicano desde Reagan, y voté a los dos Bush. No me gusta hablar mucho sobre esto, ya que en mi ambiente eso me convierte en un marginado» (ahora apoyaba a Obama).
Hace dos meses, Hooper dio a conocer que padecia un cancer terminal. Recién entonces, apenas el último marzo, la industria del cine se acordó del viejo rebelde y lo invitó a aplicar sus manos en la vereda de Hollywood Boulevard.


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