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Ahora Wall Street apuesta al vértigo
2013 ya es un año para enmarcar y todavía le falta el remate. Recién hoy se estrenará diciembre, a priori, el mejor mes del calendario. En las últimas dos décadas, diciembre promedió ganancias rayanas al 1,5%. Y arrojó saldo favorable el 80% del tiempo. En el S&P 500, el último diciembre negativo, data de 2007 (con una caída del 0,86%). También cerró en rojo en 2005 (-0,1%) y en 2002 (-6%). En 2007 y en 2002, la Bolsa atravesaba mercados bear ("bajistas") que habían dado inicio con anterioridad. En la mitología bursátil, la estacionalidad propicia -que se inicia después del Día de Acción de Gracias (el jueves pasado)- prosigue hasta entrado mayo. Como todo mito, éste se apoya en una base real. Como casi ninguno, las estadísticas de Wall Street permiten verificar una sólida evidencia histórica tras de sí.
2013 es un año excelente, el S&P 500 aumentó el 26,6% (el índice Dow Jones, el 22,8%), ¿le corresponderá gozar además de un muy buen diciembre? ¿O comenzará a tallar la ley de las compensaciones? Aun los que descreen de la suba, y pregonan el desquicio de una burbuja, son reacios a bajarle el pulgar en lo inmediato. El recalcitrante Marc Faber, el Señor Catástrofe, lleva años apostrofando a su audiencia con la descripción de "una masiva burbuja especulativa" que engulle al mundo. A su juicio, desde las acciones hasta los bonos, pasando por los campos y los bitcoins, son presas de la fiebre que fomenta el exceso de liquidez. ¿Puede subir la Bolsa un 20% más antes de derrumbarse? "Sí, y puede trepar aún más, si se imprime dinero", es su respuesta. Se refiere, claro está, a las experiencias de relajación cuantitativa, al "QE a perpetuidad" de la Fed, y a la emisión de base monetaria, que es la contrapartida de los planes de compra de bonos. Aunque cabe consignar que sólo una fracción de esa base se convierte efectivamente en dinero, en su visión, alcanza y sobra para sostener el alza de la marea. El gurú suizo ya consideraba que una corrección estaba madura cuando el S&P 500 cruzó los 1.600 puntos. El viernes cerró, pese al tropiezo, en 1.805 puntos. Desde 2011 que el índice no sufre un retroceso superior al 10%. Desde la última vez, en octubre de dicho año, avanzó el 64%.
Mercado en alza
El epílogo de noviembre -con su cabeceo imprevisto y sin razón evidente- clavó una espina de perplejidad. Después de todo, no se precisaron grandes motivos para lubricar el último tramo del ascenso de Wall Street, tampoco harán falta para precipitar un derrape. La Fed bien podría hacer las veces de villano. Se reúne en dos semanas -el 17 y 18- y, si vuelve a menear la historieta de una posible poda de la compra de bonos, podría agrietar los ánimos. Pero el viernes no apareció y, sin embargo, sobrevoló la sombra de una posible zozobra. El vértigo de los inversores puede surgir de la nada (o de un incidente trivial, digamos en el espacio aéreo en litigio que reivindica China para sí). Las probabilidades crecen conforme se coquetea con mayores alturas. ¿Será el caso? El índice de volatilidad implícita -VIX- se disparó pari passu. ¿No es una prueba, acaso, de una súbita aversión al riesgo? A simple vista, sí. Con una inspección un poco más profunda, no. Los índices más especulativos -como el NASDAQ (muy vinculado a las acciones de tecnología) y el Russell 2000 (pequeñas compañías)- soportaron de pie el chaparrón. Las cifras de la semana son elocuentes: mientras el S&P 500 y el Dow Jones Industrial subieron apenas el 0,1%, el NASDAQ y el Russell 2000 merodearon el 2%. Ambos son apuestas de riesgo, y su desempeño superior, por cierto, no denota titubeos. Y si de vértigo se trata, el recorrido de ambos supera, en lo que va del año, el 36%. La recomendación de prudencia parece lógica, pero los oídos son sordos y la actitud es aún la de buscar los límites con agresividad.


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