9 de octubre 2009 - 00:00

Al pánico siguió la benevolencia

Estambul - La Asamblea Anual del FMI y el Banco Mundial, que concluyó el miércoles en la ciudad turca, careció del dramatismo de la anterior, en octubre de 2008, semanas después del colapso de Lehman Brothers, cuando parecía que el pánico se iba a tragar al sistema financiero. Un optimismo moderado caracterizó esta vez a la reunión, al apreciarse el nuevo verdor de la economía. Sin embargo, el ambiente es aún desapacible, ante el temor de que el repunte se frustre en cuanto se retiren los estímulos públicos y, así, crece la sospecha de que nuevas burbujas ya estarían en formación. Ahora los inversores desviaron hacia algunos países en desarrollo, según el FMI, parte de la liquidez inyectada por los bancos centrales de los países ricos, donde el costo de los préstamos públicos es virtualmente nulo. La futura elevación de las tasas de interés en los países ricos podría resultar en una detención súbita del flujo de dinero hacia las economías emergentes.

El FMI prevé que a corto plazo los movimientos de capital hacia esos mercados aumentarán y por eso aconsejó especialmente a Brasil que evalúe la posibilidad de retirar parte de su programa de estímulo para frenar la apreciación del real por el ingreso de divisas. José Viñals, director de Asuntos Financieros del FMI, enfatizó que se debe tomar cuidado de que los mercados no vayan «demasiado por delante» de la realidad económica y lleven a la sobrevaloración de las monedas. A Viñals le preocupa que la mejora de los datos económicos lleve a la complacencia. «O se hace la reforma financiera en este momento o tendremos una crisis como la actual inevitablemente», señaló.

Pese a las declaraciones altisonantes de la cumbre del G-20 y la Asamblea del FMI, un año después de la caída de Lehman Brothers Estados Unidos no aprobó ni un solo cambio significativo en su normativa financiera y lo mismo sucede en la Unión Europea.

La crisis, además, dio lugar al gigantismo bancario. En Estados Unidos, las cuatro mayores entidades financieras (Bank of America, JP Morgan Chase, Citigroup y Wells Fargo) poseen la mitad de los activos bancarios del país, frente al 27% del 2002. Eso significa que si cualquiera de ellas entra en problemas, pondrá en riesgo todo el entramado financiero.

«Las autoridades deberían mirar con preocupación a este alto nivel de concentración en los mercados», alertó Hung Tran, del Instituto de Finanzas Internacionales, la más importante asociación bancaria del mundo. Esos cuatro gigantes cuentan, de hecho, con una garantía implícita del Gobierno, pues los mercados saben que Washington no les dejará caer tras haber asistido al caos que provocó la quiebra de Lehman Brothers.

Esa circunstancia podría incitarles, a asumir más riesgos en busca de más beneficios, justamente el error que desencadenó esta crisis.

Agencia EFE

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