9 de julio 2015 - 00:00

Alberto Ajaka: un teatro que indaga por el lugar del arte

Alberto Ajaka: un teatro que indaga por el lugar del arte
[Empezó a vivir de la profesión hace cinco años. En ese lapso, Alberto Ajaka se destacó en "Ala de criados" de Mauricio Kartun, protagonizó "Macbeth" en el Teatro San Martín, abrió y cerró una sala de teatro independiente y siguió dirigiendo su propia compañía teatral, Colectivo Escalada. En televisión, ganó súbita fama con su personaje de Donofrio, el sindicalista humilde y apasionado de la tira "Guapas", al que el público femenino veneró como nuevo "anti-galán". Actualmente graba la miniserie "Signos" (aún sin fecha de estreno) donde da vida a un fiscal que rastrea los pasos de un asesino serial, interpretado por Julio Chávez; ensaya "Juan Moreira", en el Teatro Cervantes, dirigido por Claudio Gallardou y sigue muy de cerca las primeras funciones de "El hambre de los artistas", obra de la que es autor y director, y que se exhibe en el Teatro Sarmiento (Avenida Sarmiento 2715), protagonizada por los actores del Colectivo Escalada: Leonel Elizondo, Sol Fernández López, Karina Frau, Rodrigo González Garillo, Georgina Hirsch, Luciano Kaczer, Gabriel Lima, Julia Martínez Rubio, Luciana Mastromauro, Andrés Rossi, Alberto Suárez y María Villar.

"Se trata de una antigua troupe de artistas detenida con su carromato en algún lugar del pasado. Un mago, un actor dramático, un payaso suicida, una mujer barbuda y una viuda que habla cantando deciden viajar en el tiempo y del otro lado se encuentran con una especie de célula terrorista obsesionada por la estética. Ni sus integrantes saben muy bien que están tramando porque además su líder esconde una trampa", explica Ajaka. Dialogamos con él:

Periodista: En esta obra vuelve a hablar del ambiente teatral y del desamparo del artista frente a las políticas culturales.

Alberto Ajaka:
Es una tragicomedia polifónica sobre el teatro en la que se enfrentan los nuevos, los antiguos y los fantasmas. Sin que yo lo buscara, la obra cerró una trilogía iniciada con "Cada una de las cosas iguales". Creo que estoy tratando de entender lo que pasa con los artistas y con este métier y además de experimentar con nuevas formas tal vez quiera ahorrarme el psicólogo. Esta obra tiene muchos pliegues y vericuetos, todo se da vuelta para ver qué pasa del otro lado. En cambio la anterior, "¡Llegó la música!", tenía una narración bien clásica. Era sobre una orquesta de cámara que en medio de una huelga tenía que tocar sí o sí porque venían unos programadores de afuera. Si se quiere era una obra más eminentemente política porque entre otras cosas el director de un teatro municipal los engañaba a todos.

P.: En "El hambre de los artistas" se habla de un oscuro negociado entre un político, un coleccionista de arte y el dueño de un gran medio gráfico.

A.A.:
No son personajes centrales. Sólo uno de ellos moviliza la trama, indirectamente. Me refiero al coleccionista, que al ser secuestrado termina viviendo su única y verdadera experiencia artística. En mis obras es inevitable que resuenen datos de la realidad. Pero uno percibe la realidad como puede. El cielo azul que vemos, ni es cielo ni es tan azul. Siempre que se pueda distorsionar un poco voy a preferir hacerlo. Por eso me vuelve loco Alberto Laiseca, sus libros me hacen reír mucho con ese realismo tan barroco y delirante.

P.: Su puesta también es delirante. ¿Cómo es su método de trabajo?

A.A.:
Cuando ensayamos sólo nos detenemos para hablar de la obra que estamos haciendo o de alguna cuestión vinculada a la coyuntura socio-política. Si vamos a comer una pizza, a tomar un café o una cerveza hablamos de lo que sea, pero en los ensayos no se habla de otra cosa. No es una regla, pero reconozco que en algún momento prohibí hablar de cine. No soporto la referencia cinematográfica.

P.: ¿Por qué?

A.A.:
A mí no me sirve. Alguien sugiere tal película de David Lynch. Y yo digo: sí, muy bien, pero para armar una imagen de ese estilo: poética, enrarecida, ensoñada y demás, sólo tengo los recursos que tiene el teatro... el teatro pobre, no el espectacular, porque no somos el Cirque du soleil. Acá nos manejamos con dos palitos y unos tachos de luces.

P.: Pero ahora cuentan con la producción del Complejo Teatral de Buenos Aires.

A.A.:
Yo tengo un acuerdo tácito con los actores de la compañía de ofrecerles siempre "carne de actuación". Es la única moneda de cambio que tenemos nosotros. Ahora están cobrando, sí, pero esto es una eventualidad. Mañana volveremos al mismo lugar de donde salimos. En ese sentido no hay futuro para el artista.

Entrevista de Patricia Espinosa

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