5 de abril 2010 - 00:00

Alegorías de los años del silencio

Treinta años después de su estreno, «Marathon» de Ricardo Monti es vista hoy como una danza macabra de alegorías.
Treinta años después de su estreno, «Marathon» de Ricardo Monti es vista hoy como una danza macabra de alegorías.
«Marathon» de R. Monti. Dir.: V. Cosse. Int.: P. Audivert, P. Novoa, M. Fiorentino y otros. Mús.: C. Baliero. Coreog.: C. Villamil. Esc.: T. Egurza. Vest.: D. Taiana. Ilum.: J. L. Fiorruccio. (Teatro Nacional Cervantes).

El estreno de «Marathon», en 1980, con dirección de Jaime Kogan, fue un gran acontecimiento teatral. En aquellos años de plomo, los últimos de la dictadura militar, la pieza de Ricardo Monti brindó un retrato muy poco complaciente de la sociedad argentina, representada a través de varias parejas de baile que compiten en un torneo de resistencia física.

En dicha alegoría aparecen distintos arquetipos: el empresario, la prostituta, la madre, el artista, la aristocracia, la generación joven, las siniestras fuerzas del orden, etcétera. Algunos de estos personajes resultan muy afines al universo de Pirandello, por estar sujetos a un drama social del que son portavoces y por exponer sus vivencias individuales como si se tratase de una pantomima de la realidad.

Los contenidos ideológicos de la obra y el perfil metafórico de sus escenas (entre expresionistas y oníricas) hoy siguen habilitando distintos niveles de lectura, que no sólo dependen del marco referencial de cada espectador sino también de la coyuntura social y política que acompañe a cada puesta.

La versión que se está exhibiendo en el Teatro Cervantes, con dirección de Villanueva Cosse transmite un clima de pesadilla, como de danza macabra, que se sostiene a lo largo de toda la obra con escasas variantes. Sólo el maestro de ceremonias (Pompeyo Audivert), con su cinismo delirante y sus modales de payaso (parece un personaje de Tim Burton, tal vez Beetlejuice) logra introducir una cuota de comicidad en medio de tanto pesimismo y desesperanza.

La obra, además de exponer sucintamente el drama íntimo de cada personaje, describe un recorrido casi cíclico de la historia argentina, con algunos episodios de rebeldía y voluntad de cambio, luego sofocados por la resignación, la miseria, los atropellos del poder y la falta de justicia. No deja de ser un valioso recordatorio en los tiempos que corren, pero transcurridos los primeros 60 minutos el espectáculo empieza a estirarse innecesariamente sin sumar nuevos contenidos ni recursos. Pese a su falta de síntesis, «Marathon», sumerge al espectador en una suerte de alucinación colectiva.

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