14 de febrero 2013 - 00:00

Alemania vive con cierto alivio la ida del Pontífice

El papa Benedicto XVI se encontró ayer con obispos en la nave Paulo VI de San Pedro. El Pontífice ofreció la misa de Cenizas, que abre el tiempo de Cuaresma para la grey cristiana.
El papa Benedicto XVI se encontró ayer con obispos en la nave Paulo VI de San Pedro. El Pontífice ofreció la misa de Cenizas, que abre el tiempo de Cuaresma para la grey cristiana.
Berlín - El anuncio de la renuncia del papa Benedicto XVI fue recibido con respeto y gratitud, pero también con cierto alivio en su Alemania natal, con la cual las relaciones nunca fueron fáciles.

"Somos Papa", festejó el popular diario Bild cuando el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, fue elegido en abril de 2005 sucesor de Juan Pablo II. Era el primer papa alemán después de más de cinco siglos.

La euforia se apoderó de los católicos alemanes, que lo recibieron con una inusitada calidez en su primer gran viaje para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia. Pero el júbilo se entremezcló con el escepticismo que también despertaba este brillante y conservador catedrático de teología oriundo de Baviera en sectores progresistas del catolicismo alemán. Con el paso del tiempo, muchos vieron frustradas sus ilusiones de cambios.

"Siempre me hirió la forma despectiva, casi burlona en la que se ha hablado del Papa en Alemania", se quejó en declaraciones al diario Frankfurter Rundschau el poderoso cardenal de Colonia, Joachim Meisner.

Cuestiones clave para los católicos en Alemania quedaron sin respuesta, como la supresión del celibato o el acceso de la mujer al sacerdocio, algo que también se demanda para mitigar la tremenda escasez de sacerdotes a nivel nacional. En Alemania, cada nuevo sacerdote ordenado tiene que reemplazar a siete que dejan la labor.

El diálogo con la Iglesia protestante siguió siendo bajo su égida una asignatura pendiente. En la patria de la Reforma y de Martín Lutero, la llegada de un papa alemán despertó las esperanzas de avanzar en el diálogo entre las dos grandes religiones cristianas de Alemania, que cuentan con aproximadamente unos 24 millones de feligreses cada una. Pero el Papa desterró las ilusiones durante una visita en 2011 en la que prácticamente privó a los protestantes el derecho de llamarse iglesia y marcó claramente los límites. Algunos dignatarios evangélicos lo tomaron como una afrenta y dijeron que era el peor momento para las relaciones entre ambas confesiones.

Uno de los episodios que costaron más reputación a Ratzinger en su país fue la decisión de revocar la excomunión de los obispos de la reaccionaria fraternidad de San Pío X, uno de los cuales, Richard Williamson, había negado abiertamente el Holocausto judío. El hecho desató una ola de indignación e incluso la canciller Angela Merkel pidió, en un acto inusual, explicaciones a Roma.

La creciente distancia entre las bases católicas y la jerarquía quedó también patente hace poco cuando dos clínicas de Colonia se negaron a tratar a una mujer violada que pedía la píldora del día después. La indignación fue generalizada y obligó al arzobispado a autorizar estos tratamientos en el futuro. "Este Papa fue una catástrofe", sostuvo la teóloga Utta Ranke-Heinemann, que estudió con Ratzinger en los años 50.

Un estudio del Instituto de Investigación Sinus de Heidelberg presentado a fines de enero reveló que hasta los católicos más fieles de Alemania creen que la Iglesia ha perdido credibilidad, entre otras cosas, por el manejo del escándalo de abusos sexuales por parte de sacerdotes y empleados de la Iglesia. "Ya nadie está orgulloso del Papa", dijo el sociólogo Marc Calmbach durante la presentación del estudio.

Agencia DPA

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